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Casero, Elena: Las dos Adelaidas

 

Porque la felicidad es como un rayo de sol entre la bruma

Dos fotografías separadas por un abismo de tiempo y desencanto, reflejo de una mujer al comienzo y final de su vida, son el punto de partida de una historia en torno a la memoria, al pasado individual y colectivo, a la complejidad de las relaciones familiares, el miedo a la soledad, a la vejez, a la enfermedad… Esas dos fotografías disparan los recuerdos de la hija que muchos años después las contempla ensimismada y la deciden a contar la vida que esconden. Continuar leyendo «Casero, Elena: Las dos Adelaidas»

Villa Felicidad

 

El cumpleaños del alcalde se acercaba. Era el evento más esperado del año y los habitantes del pueblo preparaban sus mejores galas. Siempre con una sonrisa en el rostro, el señor Gómez era conocido por ser la persona más feliz de la villa. Su alegría era contagiosa y la transmitía sin esfuerzo a quien quisiera compartir con él un momento apenas de conversación.

«La felicidad no es un estado de ánimo ─repetía con insistencia en sus discursos─, es una forma de vida, una elección sobre el modo de encarar los más arduos desafíos de este mundo. ¡Claro que todos tenemos tristezas! ─continuaba ante la mirada atónita de sus vecinos─ ¡Por supuesto! Pero no hemos de dejar que las amarguras nos definan. ¡Elijamos las pequeñas maravillas que atraviesan cada día!». Continuar leyendo «Villa Felicidad»

Deakin, Roger: Diarios del bosque

 

Los árboles chispeaban con encajes de escarcha

«Entrar en un bosque es acceder a un mundo distinto en el cual nos transformamos», dice Roger Deakin (1943-2006) en la introducción a un texto que es puro amor a la Naturaleza. En 1969, el autor compró una casa en Suffolk construida con madera de roble y castaño unos veinte años antes de que Shakespeare naciera. Él mismo se encargó de restaurarla, allí vivió hasta su muerte y de esa experiencia y de su relación con los árboles nace esta obra.  Continuar leyendo «Deakin, Roger: Diarios del bosque»

Atrapasueños

 

Un majestuoso tigre de rayas doradas danzaba entre las sombras. El aire estaba cargado de misterio, la luna bañaba de plata el firmamento y una música tenue susurraba entre los árboles su compás. La noche guardaba el secreto de un ensueño. Una criatura de la selva ─contaba la leyenda─ que teñía de luz la oscuridad, que trocaba en alegría la tristeza y la angustia de un corazón atribulado asfixiaba entre sus garras sin piedad. Fiero guardián agazapado entre los sueños, guía en las fronteras del espíritu de afanes imposibles, de bellas fantasías, de mágicos anhelos. Continuar leyendo «Atrapasueños»

Corazón de beduino

 

Un mar de arenas cristalinas ardía bajo el sol. Las dunas crecían sin tregua, el desierto se extendía hacia el horizonte sin principio ni fin y una leyenda antigua arrastraba el rumor del viento. «Aquí yacen los sueños de los hombres ─parecía murmurar─, secretos del pasado, anhelos del futuro, ecos de un mundo inalcanzable».

Un viajero solitario se abría paso por aquel océano infinito. La  arena revoloteaba a sus pies y solo los latidos de su corazón rompían el silencio. Un brújula antigua, un mapa gastado, una voluntad inquebrantable, lo guiaban. Perseguía una quimera, las visiones lo asaltaban de improviso y una sonrisa leve curvaba sus labios al atisbar un instante los más bellos recuerdos de su vida. ¡Si pudiera guardar para siempre aquella sensación! Hallar el oasis de los sueños era su última esperanza. Y así, caminaba y caminaba, en busca del lugar donde ─decían─ se hacían realidad los más hondos deseos del alma. Inalcanzable espejismo de felicidad en un mar de arenas despiadadas. Continuar leyendo «Corazón de beduino»

El aliento de las musas

 

La inspiración lo había abandonado. El tiempo pasaba, el plazo de entrega corría y ni una sola letra tintaba de negro el blanco de la página abierta en el portátil. Su mente era un desierto de ideas agotadas y palabras secas. Suspiró con desánimo y decidió salir a caminar. La editorial aguardaba las primeras páginas de una novela que burlaba ahora todos sus esfuerzos. Quizá un poco de aire fresco espabilara su cabeza, se dijo, disfrazando de cansancio su fracaso. Continuar leyendo «El aliento de las musas»

Mi bella ondina

 

Un caleidoscopio de colores tiñe de arcoíris la corriente. Los peces saltan en la superficie, regresan al fondo, agitan las aguas, saltan de nuevo… Es el comienzo, reconozco los signos de inmediato. El cielo resplandece, las olas aceleran su cadencia y su ritmo endiablado me dispara los latidos. «¡Por fin!», murmuro esperanzado, atento al torbellino de espuma que gira en el océano. La arena araña mis dedos, trepa por los tobillos, enreda mis piernas a la orilla… No puedo moverme. Lo intento y no lo consigo. Truena la marea en mis oídos. Y, de pronto, un canto de mujer detiene su rugido. Unos ojos se enlazan a los míos, arde entre las nubes una luz, tropiezo con tu rostro… y sonrío. Continuar leyendo «Mi bella ondina»

Dekobra, Maurice: La madona de los coches cama

 

Entre el Dniéper y los Urales no se bromea con el amor

Novelista, reportero, traductor… Maurice Dekobra, pseudónimo literario del francés Ernest Maurice Tessier (1885-1973), fue un escritor tremendamente reconocido durante el periodo de entreguerras, un auténtico fenómeno de ventas en torno a quien se organizaron las primeras campañas de promoción editorial y de cuyas nuevas publicaciones se fue haciendo todo un acontecimiento. Amigo de Charles Chaplin, amante de Rita Hayworth, asiduo de safaris y cruceros, su modo de vida representa el arquetipo de los felices años veinte, la despreocupación y ligereza de la llamada edad del jazz. Continuar leyendo «Dekobra, Maurice: La madona de los coches cama»

Fitzgerald, F. Scott: El gran Gatsby

El primer paso adelante que la novela americana ha dado desde Henry James.

T.S. Eliot

De niño soñaba que no era hijo de su padre sino un huérfano de sangre real, de adolescente envidiaba la popularidad de ciertos estudiantes, de adulto la fortuna de los ricos de Nueva York. Se fijó en Zelda por ser la chica más cortejada de Alabama, aspiraba a ser el mejor escritor de todos los tiempos y dominar el arte de gustar fue siempre para él una obsesión. Sin embargo… Más vanidoso que orgulloso, apenas se respetaba a sí mismo, temía la derrota e incluso cuando el éxito le rozó con su varita un presentimiento de catástrofe lo acechaba.

Guapo, inteligente, magnético, Francis Scott Fitgerald (1896-1940) quizá sea el miembro más representativo de la llamada Generación Perdida. Un escritor marcado por la época que le tocó vivir, por ese espejismo de felicidad que durante el periodo de entreguerras fueron los años veinte, la era del jazz, de la despreocupación y los excesos, un tiempo de ilusión que él supo hacer brillar como nadie en sus novelas. Continuar leyendo «Fitzgerald, F. Scott: El gran Gatsby»

Woolf, Virginia: Al faro

 

…Que la vida consistía en una única y prolongada tristeza

Considerada una de las mejores novelas en lengua inglesa del S.XX,  Al faro es una obra maestra de la literatura modernista.  Un texto con el que Virginia Woolf (1882-1941) invita al lector a adentrarse en los más profundos recovecos de la mente humana y a reflexionar sobre la naturaleza de la percepción y la experiencia.

Como cada verano, los Ramsay acuden a su casa de la costa en la escocesa isla de Skye con intención de visitar un faro cercano. Las distintas expectativas que en torno a ello se generan, provocarán tensiones de las que se valdrá la autora para mostrar las dinámicas familiares y los más íntimos pensamientos de sus personajes. Continuar leyendo «Woolf, Virginia: Al faro»