Mi bella ondina

 

Un caleidoscopio de colores tiñe de arcoíris la corriente. Los peces saltan en la superficie, regresan al fondo, agitan las aguas, saltan de nuevo… Es el comienzo, reconozco los signos de inmediato. El cielo resplandece, las olas aceleran su cadencia y su ritmo endiablado me dispara los latidos. «¡Por fin!», murmuro esperanzado, atento al torbellino de espuma que gira en el océano. La arena araña mis dedos, trepa por los tobillos, enreda mis piernas a la orilla… No puedo moverme. Lo intento y no lo consigo. Truena la marea en mis oídos. Y, de pronto, un canto de mujer detiene su rugido. Unos ojos se enlazan a los míos, arde entre las nubes una luz, tropiezo con tu rostro… y sonrío. Continuar leyendo «Mi bella ondina»

La espía de moda

 

La agente F-7124 volaba de regreso a Berlín con un fracaso bajo el brazo y la desilusión pintada en el rostro. No había sido su culpa pero ¿qué importaba?, el descalabro era absoluto y suya la responsabilidad. Sin contactos ni medios adecuados, la misión había descarrilado apenas iniciada. Enviarla a Madrid sin cobertura, a expensas solo de su encanto, por más que resultase halagador, había sido un error imperdonable. Ingeniosa, cautivadora, irresistible…, su arsenal de seducción había fallado con estrépito en el momento más inoportuno. El embajador británico había rechazado su propuesta y no hubo forma de obtener pasaporte hacia Inglaterra. Había estado tan cerca, ¡maldita sea!, se lamentó con amargura. El orgullo le dolía pero no todo estaba perdido, solo necesitaba tiempo y recursos. Continuar leyendo «La espía de moda»

Desdoblamiento

 

Acodada a la ventana, la mujer entretenía sus horas contemplando a los gorriones. Saltaban por los tejados, cogían briznas con el pico, aleteaban en los cristales… Sus trinos parecían risas, la despertaban al amanecer y acompañaban su rutina. Envidiaba su libertad y ¡cuánto los echaba de menos los días de lluvia! Eran su único vínculo con el mundo y, a veces, imaginaba cómo sería regresar a esa vida de la que hacía tanto había abdicado. Pero al fantasear el más leve contacto humano, su corazón se desbocaba al instante y el pánico paralizaba su cuerpo. Regresaba entonces a la calidez de sus libros, al refugio interior que le habían construido, a su espacio de silencio y soledad. Continuar leyendo «Desdoblamiento»

El secreto de las hadas

 

Me llamo Marina y soy un hada. En serio, borrad esa sonrisilla burlona de la cara porque es cierto. Vengo del país de la magia y no conozco lo imposible. Bueno, hasta ahora, quiero decir. No conocía lo imposible hasta ahora. Por algún motivo mis hechizos han perdido su eficacia, no consigo desplegar mis alas y el polvo de estrellas se tiñe de ceniza al roce de mis dedos. ¡Qué sensación más extraña!

Pero me estoy adelantando. Mejor os cuento despacito mi historia. Veréis, yo vivía en el valle de las Aguas Encantadas. El lugar más hermoso que podáis imaginar. Un mosaico de color donde siempre es primavera, los árboles hablan y nada malo sucede jamás. Acababa de celebrarse la reunión anual de hadas y me habían ascendido a la categoría de madrina. No todas lo somos, como suele creerse. Es un puesto bien codiciado y no sabéis lo que cuesta ganarlo. El caso es que yo lo había conseguido. Por fin era un hada madrina y estaba feliz. Olga, una recién nacida risueña y preciosa, fue la niña que el comité me asignó como ahijada, no sin antes haber verificado a conciencia mi aptitud para el cargo. El mundo de los humanos, tan atractivo y enigmático siempre, también resulta en ocasiones peligroso y puede dañarnos de un modo irreparable. Continuar leyendo «El secreto de las hadas»

Desconcierto

 

La mirada del hombre lo incomoda. Sus ojos lo radiografían con descaro, lo escudriñan insolentes; sin doblez, desfachatados. Tuerce el gesto en una mueca de disgusto y se aproxima. Duda, parece a punto de hablar pero… la confidencia se le muere entre los labios. Retrocede. Se aleja dos pasos. No se marcha. No habla. No sonríe. Permanece parado frente a él, observándole, juzgándole…

¿Quién será este borracho?, piensa aferrado al maletín que sostiene entre las manos. Camina de regreso a casa por la avenida, cabizbajo y angustiado. Acaban de despedirle del trabajo y no tiene ánimo para majaderías. Solo quiere llegar, beber un whisky en su sillón y olvidarse del mundo. Pero los ojos de ese hombre lo persiguen. Parado en la acera, no logra desprenderse de ellos. ¿Qué hay en ese rostro que lo inquieta de ese modo? Observa los surcos de su frente, el temblor de sus manos, su aspecto de ejecutivo descuidado. Pasan los segundos, se retan en silencio… Y de pronto, un relámpago de lucidez lo golpea por sorpresa. Enrojece de vergüenza, traga el nudo que se enreda a su garganta y con el corazón disparado continúa su camino. Apenas se aleja, un reflejo más feliz asoma entre destellos al cristal del escaparate.

 

 

 

Relato para el microrreto de El Tintero de Oro «De la escena al micro«, inspirado en la película «Días de vino y rosas».

 

Un tipo con suerte

 

No soy un cleptómano, ¡qué ocurrencia!, y me ofende terriblemente que hayan llegado a imaginar tal cosa. Solo soy un tipo con suerte. Un coleccionista, si precisan catalogarme de algún modo. Un guardián de extravíos ajenos. Sí, me gusta esa expresión y pronto verán lo bien que me define.

 Aunque no lo crean, cada día, en cada esquina, tropiezo con hallazgos de lo más insospechado. Esta ciudad está llena de tesoros. Al parecer, sin embargo, poca gente los detecta y no entiendo por qué ni cómo es posible que pasen tan inadvertidos. Que nadie se percate de la existencia de tales maravillas cuando a mí, a toda hora, me asaltan por sorpresa. Me parece algo fascinante, lo confieso. Solo es cuestión de andar alerta y con los ojos bien abiertos para no perder la oportunidad. Nunca se sabe lo que uno habrá de precisar en este mundo tan cambiante. Ya ven, hoy ha sido el libro que curioseaba a su llegada el que por algún motivo captó mi atención. Algo malherido y deshojado ─cierto es─ pero suficiente para aliviar el tedio de mis horas. En otro tiempo fui poeta, ¿saben ustedes? No del todo malo, creo yo, aunque, bueno, la literatura es un oficio bien precario y no solo de palabras vive el hombre. De cuando en cuando también precisa una hogaza de pan. Ahora soy inventor. Trabajo en un proyecto ultra secreto del que pronto tendrán noticia, créanlo. Un artilugio de lo más singular que me hará rico y famoso en el planeta entero. Pero no adelantemos acontecimientos y no me tiren de la lengua que ya les digo que el tema está bajo secreto y no puedo hablar. Continuar leyendo «Un tipo con suerte»

Turbulencias

 

De espaldas a la ventana, Amelia intentaba no hacer caso a la tormenta. «No tengas miedo, chiquitina ─tranquilizaba en un susurro a su muñeca─, los truenos no hacen nada, solo ruido, mucho ruido. Antes a mí también me asustaban, ¿sabes?, pero ahora que soy grande ya no ─Brrrmmm, la desmintió el cielo con estrépito─. Bueno, a lo mejor todavía un poco sí… Ven, vamos a escondernos dentro del armario, ya verás qué tranquilitas estamos».

─Mamáááa ─el grito de Álvaro la sacó de su refugio─ la he encontradoooo.

Acurrucada entre abrigos y mantas viejas, Amelia parecía un pajarito asustado.

─Ven, abuela, ven conmigo ─la abrazo el chiquillo, recogiendo del suelo la muñeca─, no llores. ¡Mira! ¡Mira, si ya escampa! Continuar leyendo «Turbulencias»

Ícaro

 

Desde niño fantaseaba con volar. Si pudiera planear despacito entre las nubes ─se decía─ perseguir por el cielo a las gaviotas, sentir en la nuca la caricia del viento… ¡Oh, qué felicidad! Olvidar por un instante las asperezas de la vida y volar. Simplemente volar. Lejos, muy, muy lejos.

Acodado a la ventana, escuchó de nuevo aquella voz que lo llamaba: «ven, no temas, yo te enseñaré a volar». Sus alas rotas se agitaron, sus pies perdieron el suelo, un suspiro leve tiritó en el aire… Y, al alzar el vuelo, un latido de esperanza sacudió su corazón. Continuar leyendo «Ícaro»

Tradiciones

 

Last Christmas I gave you my heart…

¡Feliz Navidad!

All I want for Christmas is you…

¡Felices fiestas!

Santa Claus is comin´ to town…

Una maraña de villancicos y felicitaciones inundaba la ciudad, guirnaldas y luces de colores adornaban las calles, los comercios bullían repletos de gente. Era Nochebuena. Otra Nochebuena idéntica a todas las demás: compras compulsivas, sobreactuación en los gestos, palabras huecas dibujando un espejismo de felicidad. Continuar leyendo «Tradiciones»