
Doña Angustias trasteaba en la cocina cuando el inspector Gálvez llamó a su puerta aquella mañana.
─Pase, hijo, pase, lo invitó la anciana pasillo arriba.
Con semblante serio y gesto reticente, la observó un instante enfrascada en su labor: un cazo de leche al fuego, un azucarero a medio llenar, un paquete recién abierto de bizcochos.
─¡Pero qué dice, hombre! ─interrumpió ella su amago de disculpa─ ¡Cómo va a ser usted una molestia! Al contrario, si tengo siempre tan poca compañía…
Acercó una silla y le sirvió un café. Continuar leyendo «Efectos secundarios de una visita inoportuna»














