
Envejecer es aprender a perder
Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) es una de las voces más reconocidas de la literatura francesa contemporánea. Su obra, traducida a numerosos idiomas, aparece marcada por una prosa austera, casi minimalista en ocasiones, una atención minuciosa a las emociones y una mirada atenta hacia la fragilidad humana. Novelas como Nada se opone a la noche, Basada en hechos reales o Las lealtades la han consolidado como una autora capaz de unir intimidad y reflexión social, siempre con claridad y hondura.
Publicada en 2019, Las gratitudes es buen ejemplo de todo ello. Una novela breve, lúcida y delicada, que gira en torno a una pregunta tan sencilla como profunda: ¿qué ocurre cuando ya no podemos decir gracias?, ¿qué significa esa palabra cuando ya no puede ser expresada?
Michka, una anciana que empieza a perder el habla a causa de una afasia progresiva, es la protagonista de esta historia. Junto a ella encontramos a Marie, una joven a quien ayudó de niña con quien mantiene un vínculo muy especial, y a Jérôme, el logopeda que la atiende en la residencia donde acaba de ser ingresada. Tres voces a través de las cuales De Vigan reflexiona sobre la memoria, el pasado, la vejez, la bondad, el valor de las palabras y la importancia de expresar a tiempo algunos sentimientos, en una historia dulce y muy conmovedora, contenida y nada efectista en la forma de narrar y bellísima en el mensaje que late de fondo.
Porque más allá de los personajes, es el lenguaje lo que está en el corazón del relato. Para Michka ─correctora de estilo, lectora voraz, mujer inteligente─, las palabras forman parte de su propia identidad y a medida que se deforman y escapan de su mente, siente cómo también su historia se desvanece, cómo pierde la posibilidad de cerrarla, de agradecer a quienes fueron decisivos en su vida, de poner en orden sus afectos y despedirse.
Así, sin drama ni sentimentalismo, la emoción nace de lo no dicho, de los silencios, de las frases truncadas de la anciana, de la cotidianeidad de Marie y Jérôme, de gestos mínimos que descubren miedos y vulnerabilidades.
Luchas íntimas que la autora convierte en una reflexión universal sobre la importancia de nombrar el bien recibido y reconocer los vínculos que nos construyen en una historia preciosa, llena de humanidad y de ternura.
Hola guapísima, pues la verdad es que parece muy bonita, pero un tanto melancólica, me lo tengo que pensar.
Un besazo
Un beso, Nitocris. Sí que es una historia reflexiva. Toca temas muy profundos.