
Pero es razonable que tengamos que cargar con la culpa de sobrevivir a aquellos que amamos
Comparada con William Faulkner o Truman Capote, aunque mucho más desconocida que aquellos, Eudora Welty (1909-2001) fue una de las grandes voces de la literatura americana del S. XX. Cotidianeidad, dolor, identidad y memoria son los ejes que enmarcan su narrativa, impregnada siempre de un ambiente sureño muy reconocible: paisajes, tradiciones, tensiones sociales, enemistades familiares…, como fondo de unas historias menos dramáticas que las de los autores que integran la llamada «literatura sureña» pero más cargadas de ternura, sutileza o ironía. Los pequeños gestos, los silencios, el modo en que el pasado se filtra en el presente, serán las cuestiones donde ella centre su mirada.
De todo ello es fiel reflejo La hija del optimista, novela ganadora del premio Pulitzer de ficción en 1973 cuyo argumento, engañosamente sencillo, adentra al lector en la vida de Laurel McKelva, una mujer de mediana edad, que viaja de Chicago a Nueva Orleans para acompañar a su padre en la operación de retina a que debe someterse. Desde ese punto de partida, a base de diálogos y escenas tremendamente sutiles, la autora irá mostrando el pasado y presente familiar de los MCKelva, el segundo matrimonio del padre con alguien mucho más joven y humilde que él tras la muerte de la primera mujer, la infancia de Laurel, la relación con la madre, las tensiones con esa segunda esposa a quien considera una advenediza… Un retrato complejo que aborda temas como el duelo, la fragilidad de las relaciones humanas, las diferencias de clase, los recuerdos, el peso del pasado o la importancia del perdón y la reconciliación interior.
Con un estilo sobrio y cargado de humanidad, es la memoria el tema de fondo que recorre la novela. El modo en que nos despedimos de quienes formaron parte de nuestra vida y el modo en que el pasado se transforma en recurso vital para armar la propia identidad.
Breve pero muy densa emocionalmente, delicada y llena de simbolismo, novela que salta de lo íntimo a lo universal para retratar la pérdida, el recuerdo y la necesidad de continuar pese a los golpes con la propia vida.