
«El camino del Infierno está empedrado de buenas intenciones». El proverbio golpeaba su cabeza como un mantra. Todo salía del revés, ¡maldita sea! Ponía empeño, de verdad que sí, pero en algún momento las cosas siempre se torcían.
─ En fin ─se dijo un día, harto de estamparse contra el muro de su buena voluntad─, a grandes males grandes remedios. Pongámonos en marcha hacia el Infierno. Quizá allí cambie mi suerte.
Aprovisionó de vituallas su mochila y puso rumbo hacia el Averno.
Tras horas de caminata por un bosque tétrico y afilado, un letrero sobre una muralla ─«Bienvenido al Infierno, hogar de las buenas intenciones»─, marcó el final de su camino. Una puerta se abrió al roce de sus dedos y una inmensa pradera, verde y soleada, lo recibió con alegría.
─ ¿Qué buscas en estas tierras, viajero? ─salió a su encuentro una figura encapuchada.
─ Busco…, busco cambiar mi destino.
─ ¡Sea!, asintió el encapuchado.
El inframundo lo envolvió de golpe. Se asfixiaba, no podía respirar…
─ Estos son tus demonios, rugió entonces una voz sin rostro. ¡Véncelos! ¡Alumbra la luz que hay en ti!
Un destello de esperanza sacudió su corazón. Y entre las sombras el viajero sonrió.


La esperanza es lo último que se pierde, dicen. Incluso en el averno puede mantenerse viva, aunque el ambiene reinante no sea muy propicio, je, je.
Muy buen micro, Marta.
Un abrazo.
Muy propicio no es el ambiente, no, jeje. Muchísimas gracias, Josep.
Hola, Marta. Muchas gracias por aceptar este microrreto diabólico.
Un abrazo enorme.
Gracias a ti, Bruno. Una propuesta muy chula.
La verdad es que se encontró frente a un gran reto y un ambiente poco favorable. Saludos!
lady_p
Muy bueno, Martha. Me gusta que ese diablo encapuchado lo invite a encender su luz. Es una vuelta original. Un abrazo. (Por si acaso, soy Juana)
Un beso, Juana. Muchísimas gracias.
Hola Marta, pues me gusta la actitud de tu protagonista sobre todo porque paso de las buenas intenciones a la acción. Seguro que vencerá sus miedos y a sus demonios y logrará seguir adelante. Muy bien escrito abrazotes.
Hola Marta, aunque siempre se nos han enseñado las cosas en términos absolutos: infierno-cielo, negro-blanco, bueno-malo me parece que las cosas raramente funcionan así. Hasta en el infierno debe haber matices. Me gusta que la perspectiva de vencer sus demonios le haga sonreír. Un micro que te deja pensando. Saludos.
Hola, Ana. Sí, a veces hay que bajar a ciertos infiernos personales para enfrentar demonios interiores. Esa era la idea. Me alegra que te haya gustado. Un beso.
Tras luchar contra nuestros demonios, surge la luz! Claro que si, siempre y cuando no nos quedemos en el intento! Je je! Un abrazote Marta!
Ay, esos demonios interiores que malísimos que son… Muchas gracias, Marifelita.
Si El hombre era repartidors de buenas intenciones , tampoco tendrá muchos demonios interiores, así quecreo que pronto va a volvir a aburrirse. O decepcionar-se.
Abrazooo
Quién sabe, verdad? Quizá el infierno le parezca más divertido.
Caray, Marta, eso sí que es esperanza contra todo pronóstico y en un sitio poco dado a tal sentimiento. Un desafío en toda regla cuyo resultado queda a la imaginación del lector. Muy bueno.
Un beso.
El colmo del optimismo, ¿verdad?, jeje. Me alegra que te haya gustado, Rosa. Un beso.
Buenos días, Marta. En lugar de castigar al protagonista por sus buenas intenciones fallidas, el Infierno se convierte en el lugar donde finalmente puede enfrentarlas y vencerlas. El protagonista decide ir al Infierno como “último recurso” (ironía deliciosa: buscar salvación en el sitio equivocado).
Es como si el diablo (o el narrador implícito de la serie) hubiera decidido, por una vez, dejar ganar al humano.
Hola, Marcos. Sí, un poquito el mundo al revés, ¿verdad? Me alegra muchísimo que te haya gustado. Muchas gracias.
Elegante micro, amiga Marta, y sutil, hasta el punto de que he imaginado por un instante un camino de ladrillos amarillos antes de internarse en el bosque, aunque sólo ha sido un flash cargado de inocencia. Me ha gustado mucho la estructura, te ha quedado genial. ¡Enhorabuena!
Un fuerte abrazo, compañera.
Hola, Patxi. Pues cuánto me alegra lo que dices. Me encanta que te haya gustado 🙂
Puede ser que la luz sea una buena arma anti demoniso….vere si me llevo una cuando me toque en mi hora
Pues sí, cualquier truco es bueno, ¿verdad?
Hola Marta. Un micro muy sugerente y bien construido. Me gustó mucho cómo llevas al lector hacia ese instante de revelación íntima que da sentido al título: breve, delicado y con una intensidad que permanece después de la última línea. Tiene una atmósfera muy lograda y un cierre que invita a releer. ¡Muy bonito! Un abrazo de Marlen
Generosísimo tu comentario, Marlen. Mil gracias. Precioso lo que dices.
Los demonios siempre estarán adentro de nosotros, no hace falta salir a buscarlos, se encuentran cerca. solo hace falta convocarlos.
En el mundo dejaría de haber mal si el genero humano desapareciera de pronto. Trump está en ello. quizá sea el ángel exterminador con pelo implantado.
Un abrazo.
Pues sí, aparecen por todas partes últimamente. Ay…
Hola Marta. Nos traes un sutil relato sobre crecimiento interior, donde el verde simboliza la esperanza en buenas intenciones que siempre fracasan. Muestra el camino real: enfrentarse a nuestros demonios con certeza de vencerlos. Mis felicitaciones por otro elegante relato bien armado.
Muchísimas gracias, Eitan. Contentísima porque te haya gustado.
Hola, Marta. Venimos acostumbrados al antagonismo entre bien y mal. Este micro nos plantea una variante, qué tal si nuestra buena intención nos hace invocar a un demonio que nos pone a prueba con un campo esperanzador verde y soleado? Quizás para ir al verdadero infierno haya que fallar en eso también.
Un abrazo
Hola, Mirna. Pues sí, nunca se sabe dónde está realmente ese infierno, ¿verdad? Muchas gracias.
Al fin el viajero entendió que su mala fortuna no era sino causa propia. Un micro genial, Marta, con una metáfora muy actual y que todos debiéramos tatuarnos en nuestra entendedera justo al lado donde reside nuestro demonio interno particular.
Un fuerte abrazo
Esos demonios interiores qué peligrosos son, ¿verdad? Un beso, Pepe y muchísimas gracias.