
El nombre de mi hermana ardía como fuego entre sus labios: «Amalia..», susurraba con premura y ella, lívida como la muerte, acudía en silencio a la llamada. Regresaba luego a la habitación, se tumbaba junto a mí y, sin una palabra, fingía dormir. No lo hacía. Lloraba. Daba vueltas en la cama y lloraba el resto de la noche.
Una mañana, mientras desayunábamos, papá me miró con sorpresa: «¡pero cuánto has crecido, mi niña! ─murmuró bajito─, esta noche jugaré contigo».
Mamá clavó sobre mí sus ojos de hielo, Amalia tembló estremecida y yo… yo sonreí nerviosa sin saber qué sucedía.
Relato publicado en la Antología «Móntame una escena». Literautas Editorial. Septiembre 2019.

