Incompatibilidad de caracteres

 

«¡¡Dimito!! −chilló encendido de ira, al borde mismo del colapso,−¡¡DI-MI-TO!!». Abandonó la habitación con un portazo y corrió escaleras abajo. Aquel hombre lo sacaba de quicio, lo llevaba al límite de sus fuerzas y lo trastornaba hasta el hartazgo.

Respiró hondo en un vano intento por liberar la rabia que aún tenía atravesada en la garganta y echó a andar. Caminaba sin rumbo maldiciendo con furia su suerte, perplejo y orgulloso a un tiempo por aquel alarido tan impropio de su recalcitrante timidez, cuando se descubrió de pronto frente al Finnegan’s Club. Dudó un instante parado en la acera, apenas era mediodía, algo temprano quizá para un primer trago pero a fin de cuentas se lo había ganado, transigió al fin su mala conciencia mientras se adentraba en la alcohólica penumbra del local. Acodó fastidio y desaliento sobre la barra, pidió un whisky sin hielo y con un cigarrillo aún por encender entre los dedos trató de serenarse. Continuar leyendo «Incompatibilidad de caracteres»

Vértigo

 

«¡Un accidente!», escucho gritar a lo lejos. Una imprudencia, un despiste, un error… dirán luego. No. No lo ha sido en absoluto. Nada de lo ocurrido sucedió por accidente. Y tal vez sea esa incomprensión lo que en el fondo más me duela. Una eternidad sobrevolando bajo esta mágica capa de súper héroe los abismos del mal, del dolor, de la miseria; contemplando a vista de pájaro la fragilidad de la vida, tantísimo desconsuelo… Imposible era salir indemne, debieran saberlo. El desengaño y la frustración, también la soledad, hace ya mucho que devoraron mi alma. Nadie sin embargo se dio cuenta; soy bueno disimulando. Pero hay días en que la desesperación y el infinito cansancio que de un tiempo a esta parte siempre me acompaña al fin vencen. Esos días, días como hoy, encaramado unas veces a la más alta azotea de la ciudad, al campanario de cualquier iglesia olvidada y ya sin nombre otras, cruzo los dedos, libero en un suspiro la ansiedad atrapada en mis pulmones, me asomo retador al vacío y, olvidado un instante de mi esencia inmortal −eterno hombre de acero− con conmovedora ingenuidad, murmuro: «tal vez hoy…». Cierro los ojos, ofrezco mi cuerpo al abismo y, en un breve latido de esperanza, entonces sonrío. Continuar leyendo «Vértigo»

Panadés, Josep Mª: Irreal como la vida misma

 

¿Existiría realmente esa fuente mágica de la inspiración?

Cincuenta y cinco son los relatos que componen esta antología, «Irreal como la vida misma», la primera que publica José Mª Panadés («Retales de Una Vida» su blog). Un variadísimo conjunto de historias, muy diferentes todas ellas entre sí, donde con un estilo ágil y sencillo, muy cercano, difumina el autor las fronteras entre géneros saltando con cada cuento del suspense a la fantasía, de la denuncia social al romanticismo, de lo onírico a lo cotidiano, del terror a la ternura… Continuar leyendo «Panadés, Josep Mª: Irreal como la vida misma»

Tarde

 

El creciente movimiento en el andén, las idas y venidas de los mozos, la precipitada llegada de viajeros, le indicó la proximidad del tren. Como cada tarde, más por costumbre que esperanza, fiel pese a los años a su antigua promesa, ella lo esperaba paciente. Sabía que las malas lenguas murmuraban en el pueblo sus amores, que le tenían lástima, que la creían loca… No le importaba. Hacía mucho que había relegado al ensueño su pasión y convertido en rutina aquella espera. Adoraba sentarse en la estación, pasar entre baúles y pertrechos las horas, espiar a distancia risas o llantos. A nadie debía explicaciones y a nadie las daría. Continuar leyendo «Tarde»

Malentendido

 

⸺¿Enfadada yo? ¡Qué cosas se te  ocurren!

⸺¡Uf! ¡Qué alivio, cariño! Por un momento tuve la impresión de que lo estabas.

⸺¡Qué dices! ¿Por qué iba a estarlo? No entiendo qué te ha hecho pensar algo semejante.

⸺De acuerdo. Habrá sido cosa mía, entonces.

⸺…..

⸺Deja, deja, que te vas  a cortar… Ya recojo yo todos esos cristales.

⸺…

⸺¡Qué barbaridad! ¿Pero cómo se te  han podido caer tantos platos, todos a la vez?

⸺…..

⸺No, no, no es un reproche, mi amor, no me mires así. Ninguna importancia, no te preocupes. Mañana mismo encargo otra vajilla.

⸺…..

⸺Entonces… ¿Estás segura de que no hay nada que te haya molestado?

⸺…..

⸺¿No quieres decírmelo?

⸺…..

⸺Muy bien. Aunque… francamente cariño, creo que esta no es forma de comenzar nuestra luna de miel. Continuar leyendo «Malentendido»

Noche de difuntos

 

En un pequeño cementerio abandonado junto al mar, cada noche de difuntos, a esa hora triste e imprecisa en que el día se deshace entre las sombras, de lo más profundo de la tierra −cuenta la leyenda− asciende, apenas perceptible, un coro de voces graves y lejanas. Ánimas atormentadas del Purgatorio que vagan errantes unas horas por el mundo, que añoran lo que hace mucho perdieron, que anhelan, quizá, lo que jamás vivieron.

Tras el lúgubre tañido de las campanas −eco extraño y sobrenatural que resuena a lo lejos desde un templo derruido tiempo atrás, ya sin torre ni reloj− algún alma afortunada sube al Cielo, torna el resto a su penitencia y un lamento hondo y desgarrado rompe entonces el silencio de la noche: grito de dolor, de rabia y desesperanza arrancado a la humanidad entera que, horrorizada de sí misma, vislumbra  un instante el peso de sus ruindades. Continuar leyendo «Noche de difuntos»

Landero, Luis: Lluvia fina

 

¡Qué tendrá la narración que nos consuela tanto de las culpas y errores y de las muchas penas que los años van dejando a su paso!

Novela coral en torno al poder de las palabras, de los silencios y las trampas de la memoria, con «Lluvia fina» (Editorial Tusquets) nos adentra Luis Landero en la intimidad, en los secretos y rencores de una familia incapaz, pese al mucho tiempo transcurrido, de perdonar agravios y cerrar  heridas.

 Con una estructura muy original, tomando como punto de partida la celebración del ochenta cumpleaños de la madre, asistimos de la mano de Gabriel y sus hermanas a la reconstrucción de un pasado familiar que cada uno recuerda de forma bien diferente. Continuar leyendo «Landero, Luis: Lluvia fina»

Abracadabra

 

Podría deciros que soy una caja mágica; que mi interior guarda un enigma, una rara fuerza que a nadie jamás revelé; que alguna vez encubrí un inconfesable secreto o que, en un tiempo lejano y feliz, con fervor amparé mil sueños de amor imposible: quimeras y anhelos que al fin la vida, como suele, traicionó.

Podría, sí. Y tentada he estado de hacerlo, no creáis. Habría sido tan pero tan fácil…

La historia era perfecta: magia, misterio, romanticismo… todo atrapado entre mis cuatro paredes de cartón, circunstancia esta que, no podéis negarlo, me otorgaba el papel estelar de la historia, el protagonismo absoluto del cuento, vaya. ¡Y cómo habría disfrutado mi ego maltrecho de ese pequeño momento de gloria!, debo reconocer.

¿Qué me ha frenado, entonces?, os estaréis preguntando a estas alturas de mi extraña confesión. Os lo diré: un único, insignificante, ridículo y chiquitísimo detalle. La historia sería perfecta pero… no sería cierta. Y puede que yo un pelín fantasiosa sí sea ¡pero mentirosa no! Así que, como seguro ya habréis adivinado, sí, tan sólo soy lo que aparento: un embalaje antiguo y olvidado, una humilde caja de cartón con delirios de grandeza y cierta tendencia a la autocompasión, no lo niego, que de tanto en tanto sueña otras vidas para olvidar su desdicha, su mísera y callejera existencia (os lo advertí: autocompasiva de libro, esa soy yo). Pese a todo aún no pierdo la esperanza y con paciencia aguardo mi destino: el feliz encantamiento que al fin mude mi esqueleto y por milagro lo transforme en cofre del tesoro, ¡en el abarrotado arcón de un malvado pirata con suerte!

Sueño imposible, tal vez diréis. ¿Qué importa?, dejadme un instante soñar, extraviar con ingenuidad mi camino en caprichosos senderos de magia y premoniciones de cristal. Fantasía e ilusión son mis poderes. Mimad el regalo que con ellos os entrego, invocadlos siempre con entusiasmo y convicción, pues ¡qué grande sería el desconsuelo de una vida sin imposibles que burlar!

 

 

 

Relato publicado en el nº 2 (octubre 2019) de la revista «El Tintero de Oro Magazine».

 

Viejo amigo Cicerón

 

Tu conciencia es la más dura de las condenas

Un viejo profesor tratando de orientar a dos alumnos en su trabajo de fin de carrera es el punto de partida de esta historia que, dirigida por Mario Gas y protagonizada por José Mª Pou, recrea la vida política de Cicerón en un mundo repleto de mezquindades, deslealtades y desmedidas ambiciones personales.

Sobre la escenografía de una impresionante biblioteca, los protagonistas debaten si realmente fue Cicerón un hombre íntegro comprometido con el bien común o un mero oportunista. El profesor adopta de pronto el papel del filósofo convirtiendo a los estudiantes en su hija  y su esclavo y es así como, con continuos saltos del presente al pasado y en un curioso ejercicio de metateatro, reconstruye esta obra su figura y lo más destacado de su vida y pensamiento. Continuar leyendo «Viejo amigo Cicerón»

Lucy

 

Me llamo Lucía. Un nombre precioso ¿no creen? A mí me lo parece y odio por eso que me llamen Lucy. Pero… todo el mundo lo hace. A estas alturas sé bien que ya perdí la batalla y trato de no darle demasiada importancia. Aunque lo odio, ya digo, el dichoso diminutivo. Pero, discúlpenme, no pretendía hablarles de mí −maldita manía de andarme siempre por las ramas− quería contarles de Anna y si tan difícil me resulta no colarme en su historia es porque, desde el momento en que apareció en mi vida, esta niña ha sido siempre mi mejor (¿única?) amiga, mi amiga del alma. ¡Ay! ¡Si supieran qué extrañas, pero qué extrañas, suenan estas palabras en mi boca! Ustedes apenas me conocen y sé que esto que les cuento muy buena impresión no les ha de causar, pero sinceridad obliga y debo reconocer por eso que siempre fui algo huraña y desconfiada. No me gusta la gente, esa es la verdad. Ni mucho ni poco. Es así. Nada puedo hacer y nada importa ya la causa.

En fin. Anna, les decía, tiene diez años. Es una niña alta, pecosa, algo pícara y tremendamente divertida. Muy lista, también. Le encanta la física (de mayor quiere ser astronauta recalca con firmeza a la menor oportunidad), las historias de misterio y los cuentos de piratas pero, por encima de todo, con una pizquita de orgullo diré que lo que más le gusta en el mundo son mis travesuras, mis juegos, mi compañía. Nos compenetramos a la perfección y nunca, nunca jamás, nos aburrimos juntas. Adivino lo que piensa y lo que siente solo con mirarla. Si la noto triste, ávida y mimosa, reclamo entonces sus caricias y al instante −método infalible− entre mis rizos su melancolía se diluye. También es valiente. Mucho. Muchísimo. La chiquilla más valiente que conozco. Ella lo es todo para mí: la razón de mis desvelos, de mi aprendizaje, de mi existencia… Un laberinto de azares sorteamos juntas cada día. Siempre yo su luz entre las sombras. Su brújula y su norte. Sus ojos  y su guía.  Continuar leyendo «Lucy»