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Otros tiempos

 

Tenía el gesto grave, la piel mate, muy seca, surcada por arrugas profundas como tajos de cuchillo, los párpados hinchados a causa del hambre, del frío y la falta de sueño. Apenas dormía, comía poco, mal, siempre a destiempo. Arrastraba su mirada una resignación honda y antigua, un cansancio de siglos, su corazón una dureza nacida de la mezquindad de los tiempos, de la costumbre de la miseria, de la más absoluta pobreza. Jamás nadie la vio llorar ni de sus labios escapó una queja. Seis criaturas colgaban siempre de sus faldas. Seis criaturas a las que alimentaba, vestía, cuidaba si enfermaban… Seis criaturas a las que nunca apretó fuerte contra el pecho ni sentó jamás a sus rodillas, con las que nunca bromeó al calor de la lumbre mientras pelaba judías o patatas ni enseñó a coser coloridos muñecos con retales y trapos, a las que nunca en noches de llanto consoló al dulce ritmo de una nana. Seis criaturas a las que jamás golpeó y de ningún modo maltrató pero a las  que tampoco nunca abrazó y pocas, muy pocas veces, besó. Se llamaba Juana. Así la recuerdo. Mi madre. Y aquellos −ácidos, doloridos, amargos− otros tiempos.

 

 

 

Este relato resultó mencionado en el certamen julio-agosto 2018 de «Esta Noche Te Cuento».

Tiempo de fiesta

 

Amanece. Sopla el viento y hace frío. Aún no ha roto el sol la madrugada y la humedad cala los huesos. Desapacibles e inhóspitas son pese al verano las noches de esta tierra tan lejana de mi hogar, tan ajena para mí, tan distante y de todo, de mi mundo entero, tan al norte. Así al menos yo las siento. Ningún destello hallo en ellas de lirismo, de alegría, de belleza o de poesía. Nada que un instante permita dar a mi largo peregrinaje sentido y me deje al fin descansar, aceptar que alcancé mi destino, que era este mi lugar.

Admito sin embargo que tal vez sólo sea esta impresión reflejo inevitable de mi ánimo sombrío, de la extraña melancolía que a esta hora intempestiva araña mi alma, de la sangre caliente y sureña que recorre mis venas. Continuar leyendo «Tiempo de fiesta»

Vilas, Manuel: Ordesa

 

Los muertos son la intemperie del pasado que llega al presente desde un aullido enamorado.

Es «Ordesa» una historia íntima y profunda, una autobiografía personal y familiar a medio camino entre la novela y la poesía, nacida del desagarro, del dolor y del desconsuelo. Una historia bella y muy conmovedora donde el autor, Manuel Vilas, trata de hallar sentido y dar explicación al dolor que, dice, desde niño lo acompaña y que acentúa ahora la muerte de los padres. Una historia sobre la pérdida continua que implica la vida, sobre el paso del tiempo, sobre la culpa, sobre el desarraigo, el miedo, la soledad, la vulnerabilidad  y la ausencia,  sobre el amor y la necesidad de querer y ser queridos que todos sentimos y que de todo nos redime.

Estructurada en capítulos muy breves, deja en ellos el narrador fluir sus pensamientos de un modo algo caótico pero no casual en un ejercicio de nostalgia que golpea, que duele y estremece. Continuar leyendo «Vilas, Manuel: Ordesa»

Aramburu, Fernando: Viaje con Clara por Alemania

 

Salvo la escritura diaria no conozco ningún remedio efectivo contra los cielos grises y el exceso de soledad.

Anterior a «Patria» y en un tono y un estilo por completo diferente, «Viaje con Clara por Alemania» de Fernando Aramburu es la divertidísima crónica del viaje que emprende la pareja protagonista de la novela a fin de que Clara, profesora de instituto y escritora vocacional, pueda cumplir el encargo de su editorial respecto a la redacción del libro de viajes que le ha sido encomendado.

Será sin embargo el marido de Clara, esforzado acompañante y paño de lágrimas de la escritora, cuyo nombre no llegaremos a conocer, quien a fin de ocupar sus ratos libres y combatir el aburrimiento, se convierta sin apenas darse cuenta en narrador de la historia haciendo un relato paralelo de sus peripecias a ratos irónico, ácido, burlón, irreverente pero también por momentos muy tierno y emotivo y, en todo caso, siempre muy original y divertido. Continuar leyendo «Aramburu, Fernando: Viaje con Clara por Alemania»

Domingos de fútbol

 

Tarde de domingo. Por fin. Nunca le gustó el fútbol, sigue sin gustarle y, sin embargo, de un tiempo a esta parte, María adora las tardes de fútbol y domingo.

Arranca el carrusel deportivo, escucha a lo lejos los primeros acordes de su inconfundible sintonía y, sin apenas darse cuenta, casi casi a traición, sus labios se curvan en algo parecido, muy parecido, a una sonrisa. Inevitable la melancolía, atravesada de pasado y de nostalgia, al instante piensa en sus hermanos: Javier y Pablo.

Y, uno tras otro, se le amontonan los recuerdos. Continuar leyendo «Domingos de fútbol»

May Alcott, Louisa: Un susurro en la oscuridad

 

El intenso deseo de penetrar aquel secreto me colmó con su vieja inquietud.

«Un susurro en la oscuridad» de Louisa May Alcott es una novela breve  que podría incluirse en la categoría de nouvelle. Fue publicada bajo pseudónimo por primera vez en 1.863 y ha permanecido inédita en castellano hasta el año 2.016 cuando fue al fin  recuperada por el sello «Hermida Editores».

 Sin duda el enorme éxito de «Mujercitas» eclipsó la restante producción literaria de Alcott y es ese uno de los motivos por  el que esta novela, tan diferente de aquella, resulta también tan sorprendente. En muy pocas páginas construye la autora una historia interesante y profunda repleta de secretos, de giros argumentales y recursos propios del terror gótico. Fundamental en tal sentido resulta el aspecto psicológico de una narración en primera persona que de inmediato traslada al lector los sentimientos de angustia, impotencia, desasosiego,  incertidumbre o desesperación que sufre la protagonista y lo introduce con un ritmo ágil y trepidante en la misma atmósfera asfixiante en que ella se halla inmersa. Continuar leyendo «May Alcott, Louisa: Un susurro en la oscuridad»

Éxodo

 

Habían pasado dos años desde que la fatalidad se enredó a mis días, dos larguísimos y angustiosos años de rabia e incertidumbre, cuando perdí toda esperanza y comprendí que aquel episodio de mi vida no habría de ser −¡con qué facilidad en un primer momento me engañé!− una circunstancia pasajera. Asumí de golpe en ese instante que estaba solo, abandonado por completo, herido de  muerte.  Me abandonaron, sí. Todos. Muy poco a poco primero y a la carrera después. No les culpo. No lo hice entonces y tampoco habré de hacerlo ahora. Resistieron a mi lado hasta el último momento, mucho más allá de lo conveniente y sin duda de lo sensato o de lo prudente. Fue, reconozco, cuestión de supervivencia. Debo admitir también por mucho que duela −y cierto es que en lo más hondo del alma me duele− que el día menos pensado yo los hubiera acabado matando. Marcharon resignados, con lágrimas en los ojos y el corazón en pedazos, prometiendo un regreso que ahora sé nunca llegará. Continuar leyendo «Éxodo»

Cómicos

 

Mi vida cambió para siempre −quizá sería más acertado decir que de veras comenzó− una tarde de diciembre. Una de esas tardes invernales de oscuridad temprana y frío inmisericorde en que, recuerdo, había llovido sin tregua y, como por entonces solía ocurrir −tanto tiempo hace ya que casi parece imposible− agua y lodo habían vuelto intransitables las calles en algunos trechos. Una pequeña compañía de artistas, tan pequeña que ni nombre tenía, acababa de llegar al pueblo y la lluvia estuvo a punto de arruinar su primera función.  Por suerte, no lo hizo.

No eran aquellos buenos tiempos para los cómicos. Ninguno lo fue nunca, en realidad. Aunque la nostalgia endulce ahora el recuerdo e, incluso a mí, hoy pueda parecer romántica y hasta divertida la vida que aquellos trotamundos −pobres actores sin suerte− llevaban: hoy aquí, mañana allí, siempre de pueblo en pueblo, de camino en camino, bultos, alegrías, desamparos, sueños, tristezas e ilusiones al hombro… no, no lo eran en absoluto. Continuar leyendo «Cómicos»

Pérfida deserción

 

No sé qué hacer ¡Ay! Se niega a volver y, por mucho que lo intente −y de mil modos lo hice− incapaz soy ya de convencerla. He suplicado, implorado, llorado hasta la humillación. Y, aunque algo me avergüenza reconocerlo, si se fijan un poquito podrán ver todavía estos tristes ojos míos húmedos de autocompasión. Mas nada la conmueve. Se muestra implacable, la muy perversa. Indiferente por completo a mi dolor y fría como el hielo. Sabe que su ausencia me parte el alma porque yo creí de veras que lo nuestro era real y de pronto este abandono… «Solo intento ponerte a salvo de tus ilusiones», pícara y malévola, me susurró al marchar. Indescifrable jeroglífico para mí. Y vuela el tiempo, apremian plazos y mecenas y esta musa traidora, caprichosa, veleidosa… no regresa. Continuar leyendo «Pérfida deserción»

Una tarde de primavera

 

Bernardo Gómez perdió la cabeza una tarde de primavera. Hacía calor y un aroma dulce a vainilla y miel flotaba en el aire. Bernardo Gómez no lo notó. Caminaba como un autómata hacia el trabajo, puntual, catalogando en su mente −urgentes, muy urgentes, extremadamente urgentes− las tareas amontonadas sobre su mesa, las llamadas telefónicas que habría de atender aquella misma tarde sin más dilación, los informes de cuentas aún por revisar… Era Bernardo Gómez un hombre en extremo responsable, grave, prudente, concienzudo, un mago de las finanzas, el valor en alza de la empresa, el hombre del momento, ese hombre que acapara siempre las miradas ante cualquier problema o difícil situación. Pero era también −no resulta arriesgado en exceso decir a causa de todo ello− un hombre gris, un hombre gélido, aburrido, triste y ceniciento, incapaz de percibir el dulce aroma a vainilla y miel que algunas tardes de primavera, cálidas y particularmente luminosas, flota en el aire. Continuar leyendo «Una tarde de primavera»