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Y grita el silencio

 

Escuchad. Escuchad el lamento del viento, su triste canción entre las ruinas. Prestad atención, ¿no lo oís…? Sí, escuchad… Escuchad sobre la brisa los chapoteos de los niños en el río, sus travesuras, sus juegos, sus carreras tras una pelota vieja y magullada. Escuchad cómo caen los pequeños entre risas y se arañan las rodillas, cómo trepan a los árboles y a los ruiseñores persiguen y espantan con malicia de sus nidos. Escuchad… Es el sonido bullicioso de la despreocupación y la alegría. ¿Verdad que lo oís? Un eco lejano, un latido de infancia olvidado, aroma a lumbre, sabor a chocolate, a pan con mantequilla, a nueces y castañas… Es la melancolía y la ternura que a las callejuelas de este pueblo, hace tanto a su suerte abandonado, devuelve el viento con lealtad inquebrantable. Voces suaves y mimosas, rescoldos de un tiempo antiguo y feliz un mal día tragado por la bruma, zarpazos repentinos de dulzura y pena insoportables, recuerdos, ausencias, nostalgias, mordiscos de soledad… Cenizas de inocencia perdida, entre callejones desiertos, sin ruido y sin alma, por el viento esparcidas. Por ellas grita el silencio. Por ellas llora el olvido. Continuar leyendo «Y grita el silencio»

Desesperanza

 

Frío, oscuridad y silencio en el vientre de la ballena. Apenas recuerdo cómo ni cuándo hasta aquí llegué. Perdí hace ya mucho la noción del tiempo y de mi propia vida y ésta es ahora  -tal vez para siempre- mi única realidad. Asomada a los ojos del monstruo contemplo las sombras del mundo. Tras ellos un mar inquieto y turbulento gime de dolor. En el silencio de la noche, de soledad y desamparo tiembla mi cuerpo y, agazapado en un suspiro, casi enmudecido, un conjuro de libertad a traición escapa de mis labios. Fantaseo con la huída. Escapar disuelta en una lágrima, flotar, nadar hacia la luz, ascender suave y lentamente, sentir de nuevo la caricia ligera del viento, el amable calor del sol. Y respirar. No sería difícil mas sé que no lo haré. Ningún lugar hacia el que huir existe ya. Si tan sólo pudiera olvidar…

 

 

 

Viernes Creativos

Petrificado

 

No. No dejen que mi pose les engañe. No soy un filósofo. Tampoco un poeta aunque, para ser justo, debo confesar que durante mucho tiempo ese fue mi mayor anhelo en el mundo y con gusto hubiera renunciado a la inmortalidad de mi alma a cambio del don de la poesía, de la magia, la delicadeza y la dulzura, de la sensibilidad y la inspiración precisas para atrapar el murmullo de las musas,  para componer los más bellos versos de amor jamás imaginados. Los versos que, tal vez, hubieran podido cambiar mi destino. Soy un hombre herido y sé que  no debo recrearme en mis tristezas, que la autocompasión nunca fue buena compañera pero, qué quieren, soy débil y hay días en que, por mucho que lo intente, no puedo evitarlo. Entonces, cuando nadie me ve y siempre sin hacer ruido, lloro un poquito. Hoy ha sido uno de esos días y no saben cómo lamento que, precisamente ustedes, me hayan encontrado en tan lamentable estado, hecho un mar de lágrimas, pero es que cuando hace un momento la vi parada frente a mí, observándome con esa atenta curiosidad tan suya, sin reconocerme, preguntándose intrigada por el dolor que sin duda adivinó tras mis ojos cansados para alejarse después cogida de la mano de aquel Don Juan tan rubio, tan alto, tan desenfadado y sonriente, mi corazón de piedra volvió a romperse, como aquel día tan lejano ya, en mil pedazos diminutos. Y aquí estoy. De nuevo traicionado. Como entonces. Como siempre. Con lágrimas en los ojos y las manos llenas de poemas rotos.

¿Qué me ha pasado, preguntas? ¿cómo explicarlo…? La vida y tú.

 

 

 

Este relato apareció publicado en el nº 33 (mayo 2017) de la revista «Valencia Escribe» y en el   blog  «Tertulia de Escritores» el día 17 de marzo de 2018.

Emily

 

Oculto entre la niebla, etéreo y espectral, se perfila el contorno rocoso de los páramos. Siempre su refugio. Perfecto escondite para la niña huraña y en exceso sensible que alguna vez fue. Consuelo ahora para el imposible anhelo de libertad de una joven que, a fuerza de soledad, conoce como nadie los tormentos y recovecos del alma humana. Atrapada en la poesía del paisaje, su corazón sangra lejos de allí. Y allí, entre nieves y ventiscas inclementes, esta mujer rebelde y solitaria, cautivada por los versos de Lord Byron y Walter Scott, rara al decir de sus vecinos y objeto de miradas compasivas por haber quebrado un día la senda ancestral que marcaba su destino, sueña otros mundos, inventa amores transgresores e infernales, pasiones turbulentas, delirios que jamás conocerá. A lo lejos, mientras tanto, la tormenta se cierne amenazante sobre unas cumbres heladas, románticas, abruptas, fantasmales y eternamente borrascosas.

 

  Este relato resultó mencionado en el certamen marzo-abril 2017 de «Esta Noche Te Cuento».

Sueño de una noche de verano

 

«No está lejos hermosa Hipólita la hora de nuestras nupcias». Quiso la casualidad que una cálida y estrellada noche de verano, en el claro de un bosque donde las sombras lo habían tomado por sorpresa, muy próxima ya la hora de las hadas, escuchara Robin tal confidencia. Un latido extraño, algo que no supo reconocer, alteró un instante su corazón pero estaba tan cansado que se negó entonces a pensar en ello. «Mañana será otro día», se dijo, acurrucándose entre los helechos a la suave luz de una luna ya muy pálida y menguante. Se durmió de inmediato y dulces sueños de amor alegremente soñó. Soñó amores felices, desdichados, ciegos, caprichosos, veleidosos…; brebajes traicioneros prestos siempre a encender una pasión; voces de otro mundo traídas hacia el suyo por la brisa; mágicos susurros capaces de incendiar o helar un corazón; juegos de hadas, leves y etéreas fantasías que la razón a comprender no alcanza. Al despertar, desde el cielo, una estrella matutina blanca y atrevida le guiñaba un ojo y, cual dueña de un maravilloso secreto, le sonreía. Él ya nada recordaba. ¡Triste duendecillo un mal día embrujado por el sol! Atrapado en el mundo de los hombres creció y olvidó su magia y solo en sueños, que nunca recuerda al despertar, logra atravesar por un momento el umbral entre ambos mundos. Al oído del viento, vuelve apenas un instante a susurrar burlón sus travesuras para al amanecer −así fueron siempre las reglas de la magia−  desvanecerse raudo como una estrella fugaz. Un destello de felicidad ilumina entonces su rostro. Polvo de hadas. Alegría en el alma. Ecos de eternidad.

Y aquí por el momento −muy tarde se hizo ya− detendremos hoy el cuento. Así pues, buenas noches a todos. Aplaudid, si amigos somos y Robin todo lo arreglará. Continuar leyendo «Sueño de una noche de verano»

Pabellón C

 

El traje era auténtico. ¿Acaso no resultaba aquello evidente? ¿No daba a semejantes cabezas huecas una pista de frente a quién se encontraban? Y entonces, ¿cómo podían pensar que él era un impostor? ¡Qué ocurrencia! ¡Qué injusticia! ¡Qué error tan gigantesco el que con su persona cometían! ¡Y qué caro habrían de pagarlo! ¡Él! ¡El estratega que media Europa conquistó, el victorioso general de Austerlitz  tratado de tal modo…! Suerte que mi pobre Josefina no presenció tamaña humillación, se decía en la aséptica celda donde cautivo se hallaba, furioso contra aquellos cancerberos vestidos de blanco que tan magnífica e imperial personalidad trataban de quebrar.

 

 

 

Microrrelato para el concurso «Relatos en Cadena» del programa La Ventana de la Cadena Ser.

Evocación

 

Voló el verano, voló el otoño y muy pronto llegaron los días cortos y fríos del invierno. Tiempo sobre tiempo pasó. Implacable, siguió su curso la vida y por las extrañas regiones de la memoria y el olvido su recuerdo un día se extravió. Y sin embargo… cada vez que el aroma inconfundible de las violetas un instante se insinúa en el aire, la imagen imprecisa de aquel fantasma dulce y querido, siempre vestido de gris, abriendo con un guiño pícaro su mágico tarrito de cristal, los niños agarrados a sus faldas, las manos llenas de unos caramelos color malva que jamás después volví a probar, intacta una y otra vez regresa a mi alma. Retazos de un mundo antiguo y feliz. Brumas de un tiempo perdido para siempre convertido en nostalgia.

 

 

 

Viernes Creativos

Érase una vez

En medio de un bosque espeso y muy oscuro, despertó Olivia. «¡Un bosque embrujado!», pensó la niña, mientras el viento llenaba de rumores las encinas y tras los helechos corría la sombra fugaz de alguna criatura solo en sueños entrevista. No sintió miedo, al contrario, el raro embrujo del lugar cautivó su corazón. Desde luego, era un buen sitio aquel para que, de cuando en cuando, se aparecieran las hadas y, en torno a ellas, elfos y gnomos pudieran, traviesos, danzar en las brillantes noches de luna llena.

El trino sonoro de los pájaros −ruiseñores, abubillas, petirrojos− anunciaba la llegada de la primavera; bandadas de mariposas blancas y azules coloreaban humildes matojos de florecillas silvestres; el cristalino vibrar de las libélulas rompía el silencio con que un arroyo, recién apenas nacido del deshielo, discurría por el valle. Continuar leyendo «Érase una vez»

Futuro velado

 

Una fotografía desvaída, casi olvidada. Unos ojos de niña oscuros, sabios y profundos miran a la cámara. Serenos. «Sé que vas a hacerme daño. Sé que voy a sufrir y no tengo miedo», parecen gritarle a un mundo que al otro lado del objetivo, inclemente y paciente, su turno aguarda, conscientes ya en aquel momento −tan temprano amenazados por las sombras− de que habrán de soportar el dolor que, el destino solo para los más fuertes reserva. Seguros de que podrán con él. Confiados.

Ingenua y pequeña flor dañada por la escarcha.

Mucho tiempo después, unos ojos de mujer desamparados y sin llanto tratarán de ocultar con infinito esfuerzo su miedo, su soledad y su tristeza. Lucharán por olvidar la herida de una vida entera, el angustioso desconsuelo de lo irremediable, mientras se preguntan con feroz melancolía a dónde irán a parar los pensamientos nunca escritos, los sentimientos no expresados, los momentos de felicidad nublados.

Un alma desencantada y vacía a esos ojos asomada, muy suave y muy bajito murmurará entonces −poderoso conjuro contra el más terrible hechizo− unos versos dulces, exaltados, tristísimos. Y, a fuerza de palabras, de recuerdos y fantasmas, quebrará un rayo de luz la gélida y tempestuosa oscuridad. Apenas un instante. Justo a la caída de la tarde. Continuar leyendo «Futuro velado»

Fin

 

Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Dos lágrimas heladas brillaron en sus ojos, conmovida como nunca estuvo por tan absoluta belleza. Lejanas y tristes ardían en el firmamento las estrellas, día y noche confundidos en aquel silencio abismal. Rompía el sol ya la oscuridad de la tierra cuando la joven astronauta se rindió. Extraviada en aquel vacío hondo y oscuro, imposible su regreso, decidió concluir al fin semejante agonía de añoranza y soledad. La escotilla cedió con suavidad. Salió. Flotaba… De pronto, algo la retuvo. Un llanto. Una súplica. Una oración. ¡Resiste, amor…! Ineficaz conjuro. Inmensidad. Paz. Abismo. Luz…. Suave, muy despacio, se apagó su corazón. Continuar leyendo «Fin»