
¿Qué saben los sueños de límites?
A.E.
«Las damas no saltan rejas, niña», la voz de la abuela Mary tronó con severidad en su cabeza y lo inoportuno del recuerdo la hizo sonreír. «¡Pobre abuela! −pensó mientras se inclinaba levemente hacia la izquierda para mirar por la ventanilla−, ¡si pudiera verme ahora…!». El cielo estaba sereno y cuajado de estrellas. Pronto amanecería. Contempló el inmenso espacio que tenía frente a sí y un sentimiento de grandeza y libertad se adueñó de su espíritu. Todo en torno a ella era vacío y silencio, aislada por completo como estaba del ruido y la vanidad, ajena a un mundo que la adoraba, que tenía rendido a su valor, a su inteligencia, a su encanto. Frágil excepción de un tiempo −tiempo de hombres− donde la independencia femenina no existía y su reclamo era objeto de burla
Pero por algún motivo ella lo había logrado. Demostrar a ese mundo ingrato su talento había sido siempre su obsesión y lo había logrado. Un incontrolable anhelo de aventura latía en su corazón, tóxico como un veneno: ir donde nadie había ido, hacer lo que nadie había hecho. Sin importar el riesgo. Sin importar el precio. Continuar leyendo «Alas de cristal»








