Un día de lluvia

 

Me tacha la envidia de egoísta y caprichoso ¡Menudo disparate! No lo soy en absoluto pero se encuentra ya tan extendido ese rumor que obviaré el esfuerzo de negarlo. Ocurre que nunca conocí la timidez y quizá tomen los necios por desdén la imperturbable seguridad que me acompaña. El mundo me idolatra, es así y ¿quién soy yo para juzgarlo?

Mi audacia y mi elegancia les fascina, esa rara mezcla en mi expresión entre indiferente y atenta, siempre distante y pese a ello vulnerable, tan propia de mi espíritu bohemio, de mi alma de bribón desvergonzado.

Me siento en casa en cualquier parte pero nunca en ninguna construyo mi hogar. Me hastía la rutina, no tolero lazos ni ataduras, con nadie soy complaciente y a nadie necesito. Sin embargo, una extrema propensión a cierta cordialidad afectuosa, un desbocado impulso hacia la calidez y la ternura, se apodera a menudo de  mi corazón y eso −yo lo sé− es lo que me hace irresistible. Continuar leyendo «Un día de lluvia»

Melancolía

 

Para él la vida era una prisión con las paredes muy altas, muy altas…

Émile Bernard

Una oscura leyenda corría por el pueblo en torno a él, de boca en boca su nombre andaba, sordo era el rechazo en cada gesto, esquivas las miradas, reticentes los saludos, apresurados los pasos al advertir su presencia. «¡Pobre loco!», murmuraban las gentes a su paso y sin nadie conocer la causa, sin motivo ni razón, todos le temían.

Solitario, siempre absorto en sus abismos, él vagabundeaba noche y día por los campos, perdida en el horizonte la mirada, devorada su alma de melancolía y de tristeza  y solo en sus pinceles algunas tardes, muy pocas, hallaba su espíritu la calma. Continuar leyendo «Melancolía»

Tempus fugit

 

Un viejo peregrino cansado de recorrer el mundo llegó una noche a la ciudad. Venía de muy lejos, traía el cuerpo fatigado y una tristeza inconsolable lo inundaba como una ola de hiel. Sus ojos gastados reflejaban la huella del tiempo, le flaqueaban las fuerzas y ya presentía concluida su misión. Había visitado países de anchos ríos e inmensas sabanas, atravesado desiertos de arenas blancas, navegado mares de aguas turbias y oscuras. Había conocido la alegría y la derrota, la decepción y la esperanza y llegado era el momento de marchar. Continuar leyendo «Tempus fugit»

Impotencia

 

Día tras día contemplo a lo lejos con nostalgia esas nubes tan suaves, tan blanditas, casi de algodón de azúcar que el sol acaricia con dulzura al amanecer, mientras en el cielo remolonea todavía alguna estrella despistada. Y me siento de pronto tan lejos de casa… Intento no llorar, aunque a veces… Siempre fui algo melodramático, la verdad y una decepción inexplicable asalta a veces mis ojos celestes. El caso es que debo cumplir mi misión y por raro que os parezca yo mismo sugerí este destino. Pero si supierais cuánta maldad e indiferencia surca este ingrato mundo vuestro… ¡Jamás imaginé que tan difícil sería ganar mis alas! Continuar leyendo «Impotencia»

Incompatibilidad de caracteres

 

«¡¡Dimito!! −chilló encendido de ira, al borde mismo del colapso,−¡¡DI-MI-TO!!». Abandonó la habitación con un portazo y corrió escaleras abajo. Aquel hombre lo sacaba de quicio, lo llevaba al límite de sus fuerzas y lo trastornaba hasta el hartazgo.

Respiró hondo en un vano intento por liberar la rabia que aún tenía atravesada en la garganta y echó a andar. Caminaba sin rumbo maldiciendo con furia su suerte, perplejo y orgulloso a un tiempo por aquel alarido tan impropio de su recalcitrante timidez, cuando se descubrió de pronto frente al Finnegan’s Club. Dudó un instante parado en la acera, apenas era mediodía, algo temprano quizá para un primer trago pero a fin de cuentas se lo había ganado, transigió al fin su mala conciencia mientras se adentraba en la alcohólica penumbra del local. Acodó fastidio y desaliento sobre la barra, pidió un whisky sin hielo y con un cigarrillo aún por encender entre los dedos trató de serenarse. Continuar leyendo «Incompatibilidad de caracteres»

Vértigo

 

«¡Un accidente!», escucho gritar a lo lejos. Una imprudencia, un despiste, un error… dirán luego. No. No lo ha sido en absoluto. Nada de lo ocurrido sucedió por accidente. Y tal vez sea esa incomprensión lo que en el fondo más me duela. Una eternidad sobrevolando bajo esta mágica capa de súper héroe los abismos del mal, del dolor, de la miseria; contemplando a vista de pájaro la fragilidad de la vida, tantísimo desconsuelo… Imposible era salir indemne, debieran saberlo. El desengaño y la frustración, también la soledad, hace ya mucho que devoraron mi alma. Nadie sin embargo se dio cuenta; soy bueno disimulando. Pero hay días en que la desesperación y el infinito cansancio que de un tiempo a esta parte siempre me acompaña al fin vencen. Esos días, días como hoy, encaramado unas veces a la más alta azotea de la ciudad, al campanario de cualquier iglesia olvidada y ya sin nombre otras, cruzo los dedos, libero en un suspiro la ansiedad atrapada en mis pulmones, me asomo retador al vacío y, olvidado un instante de mi esencia inmortal −eterno hombre de acero− con conmovedora ingenuidad, murmuro: «tal vez hoy…». Cierro los ojos, ofrezco mi cuerpo al abismo y, en un breve latido de esperanza, entonces sonrío. Continuar leyendo «Vértigo»

Tarde

 

El creciente movimiento en el andén, las idas y venidas de los mozos, la precipitada llegada de viajeros, le indicó la proximidad del tren. Como cada tarde, más por costumbre que esperanza, fiel pese a los años a su antigua promesa, ella lo esperaba paciente. Sabía que las malas lenguas murmuraban en el pueblo sus amores, que le tenían lástima, que la creían loca… No le importaba. Hacía mucho que había relegado al ensueño su pasión y convertido en rutina aquella espera. Adoraba sentarse en la estación, pasar entre baúles y pertrechos las horas, espiar a distancia risas o llantos. A nadie debía explicaciones y a nadie las daría. Continuar leyendo «Tarde»

Malentendido

 

⸺¿Enfadada yo? ¡Qué cosas se te  ocurren!

⸺¡Uf! ¡Qué alivio, cariño! Por un momento tuve la impresión de que lo estabas.

⸺¡Qué dices! ¿Por qué iba a estarlo? No entiendo qué te ha hecho pensar algo semejante.

⸺De acuerdo. Habrá sido cosa mía, entonces.

⸺…..

⸺Deja, deja, que te vas  a cortar… Ya recojo yo todos esos cristales.

⸺…

⸺¡Qué barbaridad! ¿Pero cómo se te  han podido caer tantos platos, todos a la vez?

⸺…..

⸺No, no, no es un reproche, mi amor, no me mires así. Ninguna importancia, no te preocupes. Mañana mismo encargo otra vajilla.

⸺…..

⸺Entonces… ¿Estás segura de que no hay nada que te haya molestado?

⸺…..

⸺¿No quieres decírmelo?

⸺…..

⸺Muy bien. Aunque… francamente cariño, creo que esta no es forma de comenzar nuestra luna de miel. Continuar leyendo «Malentendido»

Noche de difuntos

 

En un pequeño cementerio abandonado junto al mar, cada noche de difuntos, a esa hora triste e imprecisa en que el día se deshace entre las sombras, de lo más profundo de la tierra −cuenta la leyenda− asciende, apenas perceptible, un coro de voces graves y lejanas. Ánimas atormentadas del Purgatorio que vagan errantes unas horas por el mundo, que añoran lo que hace mucho perdieron, que anhelan, quizá, lo que jamás vivieron.

Tras el lúgubre tañido de las campanas −eco extraño y sobrenatural que resuena a lo lejos desde un templo derruido tiempo atrás, ya sin torre ni reloj− algún alma afortunada sube al Cielo, torna el resto a su penitencia y un lamento hondo y desgarrado rompe entonces el silencio de la noche: grito de dolor, de rabia y desesperanza arrancado a la humanidad entera que, horrorizada de sí misma, vislumbra  un instante el peso de sus ruindades. Continuar leyendo «Noche de difuntos»

Abracadabra

 

Podría deciros que soy una caja mágica; que mi interior guarda un enigma, una rara fuerza que a nadie jamás revelé; que alguna vez encubrí un inconfesable secreto o que, en un tiempo lejano y feliz, con fervor amparé mil sueños de amor imposible: quimeras y anhelos que al fin la vida, como suele, traicionó.

Podría, sí. Y tentada he estado de hacerlo, no creáis. Habría sido tan pero tan fácil…

La historia era perfecta: magia, misterio, romanticismo… todo atrapado entre mis cuatro paredes de cartón, circunstancia esta que, no podéis negarlo, me otorgaba el papel estelar de la historia, el protagonismo absoluto del cuento, vaya. ¡Y cómo habría disfrutado mi ego maltrecho de ese pequeño momento de gloria!, debo reconocer.

¿Qué me ha frenado, entonces?, os estaréis preguntando a estas alturas de mi extraña confesión. Os lo diré: un único, insignificante, ridículo y chiquitísimo detalle. La historia sería perfecta pero… no sería cierta. Y puede que yo un pelín fantasiosa sí sea ¡pero mentirosa no! Así que, como seguro ya habréis adivinado, sí, tan sólo soy lo que aparento: un embalaje antiguo y olvidado, una humilde caja de cartón con delirios de grandeza y cierta tendencia a la autocompasión, no lo niego, que de tanto en tanto sueña otras vidas para olvidar su desdicha, su mísera y callejera existencia (os lo advertí: autocompasiva de libro, esa soy yo). Pese a todo aún no pierdo la esperanza y con paciencia aguardo mi destino: el feliz encantamiento que al fin mude mi esqueleto y por milagro lo transforme en cofre del tesoro, ¡en el abarrotado arcón de un malvado pirata con suerte!

Sueño imposible, tal vez diréis. ¿Qué importa?, dejadme un instante soñar, extraviar con ingenuidad mi camino en caprichosos senderos de magia y premoniciones de cristal. Fantasía e ilusión son mis poderes. Mimad el regalo que con ellos os entrego, invocadlos siempre con entusiasmo y convicción, pues ¡qué grande sería el desconsuelo de una vida sin imposibles que burlar!

 

 

 

Relato publicado en el nº 2 (octubre 2019) de la revista «El Tintero de Oro Magazine».