Jaque al olvido

 

La Fundación Pasqual Maragall flamante ganadora del Nobel de Medicina 2032. Otorgado al conjunto de investigadores del centro a título colectivo, el premio reconoce la relevancia de sus hallazgos en la lucha contra la enfermedad de Alzhéimer. El desarrollo de un fármaco capaz de frenar el avance del mal en fases incipientes y revertir parcialmente sus efectos en estadíos avanzados, abre una puerta a la esperanza que anticipa el fin de la llamada pandemia del olvido. El envejecimiento de la población europea junto al notable incremento de la esperanza de vida en esta parte del mundo ha disparado exponencialmente en los últimos años las cifras de afectados por la enfermedad. De ahí la enorme importancia del éxito de los ensayos clínicos realizados, punto de partida ─en palabras del jurado─ de una cura de valor incalculable que la comunidad científica vislumbra ahora próxima y factible.  Continuar leyendo «Jaque al olvido»

Muerte en el lago

 

«Ramón Hernández, detective privado». La placa en la puerta de mi despacho pendía descolgada de uno de sus goznes. Apenas la colocaba en una posición aceptable aquella maldita volvía a derrumbarse así que, harto de intentarlo, claudiqué y renuncié a enderezarla. No era buena carta de presentación, lo reconozco, pero qué gran metáfora de mi situación en ese tiempo. La agencia agonizaba. Mis fantasías novelescas se daban de bruces contra la realidad y mi mueca a lo Humphrey Bogart perdía intensidad a fuerza de no usarla. Solo algún trabajillo de poca monta nos mantenía aún a flote pero las deudas se acumulaban y Roberta, mi leal secretaria, perdía ya la cuenta de los sueldos incobrados.

Por eso el encargo de Miranda Santos resultó tan providencial. Un día sus nudillos golpearon aquella puerta calamitosa que delataba mi naufragio y, tras un instante de duda, cruzó el umbral, se llevó la mano al cabello con gesto indolente para apartar un mechón que le caía sobre el rostro y sin tomar asiento, de pie frente al ventanal de mi despacho, comenzó su historia. Continuar leyendo «Muerte en el lago»

Efectos secundarios de una visita inoportuna

 

Doña Angustias trasteaba en la cocina cuando el inspector Gálvez llamó a su puerta aquella mañana.

─Pase, hijo, pase, lo invitó la anciana pasillo arriba.

Con semblante serio y gesto reticente, la observó un instante enfrascada en su labor: un cazo de leche al fuego, un azucarero a medio llenar, un paquete recién abierto de bizcochos.

─¡Pero qué dice, hombre! ─interrumpió ella su amago de disculpa─ ¡Cómo va a ser usted una molestia! Al contrario, si tengo siempre tan poca compañía…

Acercó una silla y le sirvió un café. Continuar leyendo «Efectos secundarios de una visita inoportuna»

Malditas canciones de amor

 

«No llores; por favor, no llores ─suplicaba Whitney Houston entre el ruido del atasco y el rumor de la lluvia en el cristal─, yo siempre te amaré…»

Los acordes de la vieja canción la tomaron por sorpresa.

«Por favor, no llores…»

Un pedazo de mundo olvidado se abrió de nuevo bajo sus pies y una banderilla de tristeza astilló su corazón.

«Yo no soy lo que tú necesitas…»

 Los recuerdos volvían en tropel. El pasado vertía al instante su veneno y… tras el volante de su coche, una mujer se hacía trizas en secreto. Continuar leyendo «Malditas canciones de amor»

En un lugar de la Mancha

 

Anochece sobre los campos de Montiel, las sombras tiñen el bosque de penumbra, la luna llena despunta desolada y fría. A lo lejos, casi al final del camino, el viento azota con furia las aspas de los molinos que entre la niebla por momentos se divisan. Hace mucho que nadie los visita. Pesa sobre ellos una maldición: una leyenda antigua de encantamientos y hechicerías que, de tanto en tanto, revive en el relato de algún caminante curioso; de algún peregrino incauto ahuyentado de inmediato del lugar por los gritos del viejo loco que guarda sus puertas. Solo él conoce el secreto que tras ellas se oculta y, cansado ya de vagar por el mundo, triste y derrotado en mil batallas, a protegerlo ha decido consagrar sus últimas fuerzas.

  El tacto frágil de una manita entre las suyas saca al viejo de sus ensoñaciones. Sonríe con dulzura y, tras recostar sus huesos maltrechos sobre la encina fiel que cada noche vela su guardia junto al arroyo, acurruca a la niña entre sus brazos. La más pequeña del grupo de expatriados que el azar puso un día en su camino. Supervivientes doloridos de un naufragio de sueños imposibles, resguardados ahora del desamparo y el frío del invierno en este lugar perdido de la Mancha.

Refugiada en su abrazo la niña duerme tranquila. Tal vez sueña. Desde el primer instante fue su favorita. Su nombre es Dulcinea.

 

 

 

«Las lecturas del abu» (versión dramatizada)
Relato publicado en el nº 4 de la revista de El Tintero  de Oro «El club de la microficción»  (junio 2022)

Una bufanda de colores

 

Había comenzado a nevar, los copos pintaban las calles de blanco, el aire olía a Navidad. Asomada a la ventana, Clara luchaba por no sucumbir a la nostalgia. La Navidad había sido siempre su época favorita del año, un pequeño milagro que incendiaba de magia el invierno. Pero ahora… Ahora le parecía una celebración hueca y gastada. Las guirnaldas de colores, el falso entusiasmo de las fiestas, la engañosa amabilidad de los centros comerciales, habían usurpado su esencia. La habían convertido en un tiempo sin alma donde nada era ya como debía.

Quizá no estuviera siendo justa ─se dijo, con un nudo de culpa atravesado en la garganta─, quizá solo ocurría que la edad marchitaba el ensueño, que la ilusión se desvanecía a golpes de vida y el dolor asomaba las garras. Pero ese atardecer, mientras las luces de las casas comenzaban a encenderse, ella sentía que el mundo era un lugar triste y oscuro, huérfano de compasión, enfermo de soberbia. Continuar leyendo «Una bufanda de colores»

Mutis

 

La función estaba a punto de terminar, el eco del disparo retumbó en la sala como un trueno, Violeta cayó contra las tablas y…

A partir de ahí todo se vuelve confuso en mi cabeza.

Sangre, gritos, desconcierto…

Duele. El recuerdo duele pero me obligo a recordar.

Mi mente revive aquella noche una vez y otra y otra más, enredada a un bucle eterno sin principio ni final.

No me arrepiento. Sé que hice lo correcto.

El fogonazo me cegó por un instante, sentí el golpe seco de su cuerpo contra el suelo, los primeros chillidos de espanto…

Solté la pistola gritando su nombre ─«¡Violetaaa!»─, corrí hacia ella, acuné entre mis brazos su último suspiro… Continuar leyendo «Mutis»

Pide un deseo

 

Se desvanecían enseguida, apagados como fuegos de artificio, pero antes de eso, ¡ay!, antes de eso cualquier cosa era posible. Un reguero de deseos recorría veloz el firmamento, lo alumbraba de esperanza a lomos de una estrella y un destello fugaz vestía el cielo con su magia. Luego, aquel botín de sueños moría sin llegar a su destino y la estrella lloraba en secreto su fracaso. No era su culpa: jamás tuvo el poder que le achacaron. Pero tan extendida estaba su leyenda que hasta ella misma la creyó. Y un empeño inquebrantable latía cada noche entre su estela: un afán, un anhelo, un ojalá. Continuar leyendo «Pide un deseo»

Pesadillas

 

Los terrores nocturnos se habían convertido en rutina habitual. «No pasa nada cariño, son solo pesadillas», la tranquilizaba cada mañana mamá. «Los monstruos no existen, mi niña, no pueden colarse en tu cama», le guiñaba un ojo papá. Ella sorbía despacito el colacao, ensayaba en su rostro una sonrisa y fingía ser valiente. Camino del colegio, trataba de sacar al monstruo de su cabeza. Lo intentaba con todas sus fuerzas pero era tan difícil… ¡Si al menos su cara no fuera tan parecida a la de papá!, musitaba en silencio. Y un pinchazo de culpa anudaba al instante su garganta. Continuar leyendo «Pesadillas»

Clifford, Lucy: La nueva madre y otros cuentos

 

No existen madres con ojos de cristal y colas de madera. Serían demasiado caras de fabricar.

«La fortuna del escritor es veleidosa. Algunos autores venden miles y miles de libros a lo largo de su vida y sus trabajos son elogiados por la crítica y adorados por el público. Y sin embargo, aunque parecen destinados a perdurar, su obra pierde relevancia a toda velocidad y diez años después de su última publicación nadie se acuerda de ellos. Otros viven en la más absoluta miseria; la fama, el dinero y el prestigio los eluden hasta que mueren. Entonces, de pronto, su genio es reconocido.» Continuar leyendo «Clifford, Lucy: La nueva madre y otros cuentos»