Tragedias cotidianas

 

«Que le cooorten la cabeza» sentenció furiosa la avaricia, cual perfecta reina de corazones. Al instante, de su humilde paraíso un hombre fue expulsado. Condena de indigencia, desamparo y soledad. Ejecución inmediata.

 En un banco del parque, llora un anciano su miedo y su derrota. De su desgracia, ciega como suele, la justicia aparta la mirada.

Un vendaval furioso y destemplado asola cada rincón de la ciudad. «Hagan juego, señores, hagan juego…», desliza zalamero entre sus ráfagas.

Borrachos de ilusión y de esperanza, aún ignoran los incautos que siempre en este juego al rojo ganador apuesta sin riesgo la banca. Continuar leyendo «Tragedias cotidianas»

Duerme Sherezade

 

En medio de un bosque espeso y muy oscuro que nunca traspasan los rayos del sol, una dama de nieve duerme entre las sombras. Gritos de lechuzas, largos, escalofriantes y aterradores aullidos pueblan su noches, acuna el viento sus sueños y el aroma de un embrujo, de tan antiguo ya casi olvidado, todo lo inunda. Una lágrima gélida y amarga resbala a veces de sus ojos cansados. Quizá entonces recuerde. Quizá entonces, tibias la fe y la esperanza, con candor murmure su alma una oración. Continuar leyendo «Duerme Sherezade»

El pintor y su musa

 

Es tan corto el amor y es tan largo el olvido…

Pablo Neruda

Solo en la quietud de su estudio, entre telas, brochas y acuarelas, el viejo pintor hallaba consuelo. Frente a su atril, sobre un destartalado taburete, dejaba la vida pasar. Sus manos artríticas y un velo de cataratas, hacía ya mucho le impedían pintar. El espectro de la pobreza rondaba sus días y una tristeza helada desbordaba su alma. Sentía el aire cargado de ausencia y un frío impropio, un soplo gélido que no desaparecía jamás, hacía su cuerpo temblar. Habitaba un mundo de sombras, de recuerdos y añoranzas. Todas sus horas eran iguales ahora y él un hombre hueco que nada podía ofrecer, un viejo solitario que abrazaba fantasmas y quizá, solo quizá, de cuando en cuando, soñaba.

Una vez había estado enamorado. Y ese amor su mundo entero puso del revés. Continuar leyendo «El pintor y su musa»

Cuento de invierno

 

Anochecía sobre la batalla. La negrura del invierno difuminaba lentamente brumas y horizonte y un día para la historia −mortífera y sangrienta como pocas aquella jornada de diciembre− dejaba tras ella. Había comenzado a nevar y muy pronto habría de borrar la tempestad las huellas del horror, la borrasca inclemente del combate todavía a esa hora tan visible en la llanura. Hoyos de lodo, charcos de lluvia, caminos deshechos, pasos de hombres a pie o a caballo, carros pesados…  Austerlitz ardía entre las sombras.

Un viento glacial recorría el corazón de Europa y el eco lejano de un redoble de  tambores, de un caótico clamor de trompetas, estandartes, sables, bayonetas… arrastraba en su estela.

Un tumulto de lodo y sangre empapaba la tierra a la espera de que al fin, poco a poco, con su inmaculado manto, la nieve lo cubriera. Continuar leyendo «Cuento de invierno»

Choque generacional

 

¡Me agotan! ¡Esta familia mía despedaza mi paciencia! Tradición, normas, responsabilidades…  Sieeempre el mismo discurso, sieeempre la misma regañina, sieeempre esos odiosos aires suyos de superioridad. Muy joven ─dicen ellos que soy─ demasiado joven e inexperta todavía para comprender la importancia inmensa de nuestros ritos, de nuestras costumbres, de nuestros blablabla… ¡Ja! ¡Si supieran! No entienden nada. Mucha clarividencia, mucha perspicacia pero… nada de nada. Ni lo intentan, vaya. Y lo peor es que ni siquiera me escuchan, ¡maldita sea! Habitan un mundo inexistente. Un edén de fantasía. Un paraíso que se extingue bajo sus pies y no se dan cuenta. ¡Qué ciegos están! Traición, llamaron a mi feliz innovación ¡Traición! Y de inmediato mi varita y mis hechizos requisaron. Castigada como una criatura, ¡qué vergüenza! Los tiempos cambian y también nosotros habremos de cambiar algo con ellos, digo yo. Y, sí, por supuesto, reconozco que mucho más romántico, más adorable y cautivador, quizás, resulte transformar ratones y calabazas en carruajes y zapatos de cristal pero las niñas de hoy en día ya no sueñan ser princesas y gracias a mi (¿imprudente?) picardía, mirad cuan radiante y orgullosa conduce ahora Cenicienta su ferrari por toda la ciudad. Continuar leyendo «Choque generacional»

Nostalgia

 

Una caricia, una sonrisa, un beso suave y a soñar… «dulces sueños, mi amor».
Antiguas noches de invierno se cuelan de improviso en mis recuerdos y, casi casi a traición, entre melancolías y nostalgias al instante los enredan. Noches de mimos y risas; de confidencias e ilusiones; de planes de futuro y proyectos de aventura; de carantoñas y cuentos antes de dormir, siempre cómplice algún libro entre sus manos: Peter Pan, La Isla del Tesoro, Mujercitas…  Noches tiernas con sabor a infancia: hojaldre y chocolate caliente, pijama y zapatillas, nervios y deberes apresurados en la cama. Tan lejano ahora todo ya… Tiempos de candor e ingenuidad que la vida detuvo para siempre en un instante eterno. Antes del espanto y del dolor. Antes del silencio, de la indiferencia, del perverso maleficio que secuestró la inocencia de su alma. Antes de que las hadas traicionaran su magia y los monstruos ganaran, implacables, la batalla. Antes de tantas lágrimas a destiempo derramadas sobre pupitres ardientes de vergüenza y rabia. Antes de aquella última carta… Cuando mi niña era feliz y en mi corazón habitaba la alegría, la poesía y la esperanza.

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Equívocos

 

Cada noche, en la frágil intimidad de un cuarto cerrado, tras la puerta que blinda del mundo una huraña vida adolescente, se obra el milagro. En silencio. Casi en secreto. Al resguardo de miradas indiscretas, al abrigo de perversos comentarios, a salvo por fin de incomprensiones, de juicios y crueles veredictos, de maliciosas sonrisas… entre brochas y pinceles, espuma y brillantina, secadores, lacas y paletas de colores −rojo en los labios, negro en las pestañas, melocotón en las mejillas− poco a poco, muy despacio, desgarro y culpa ceden paso a esperanza y alegría y cual asombroso e insólito truco de magia −abracadabra− una niña entonces sonríe. Continuar leyendo «Equívocos»

Inclemencia

 

Como un enjambre tras recibir la pedrada de un niño, como una marioneta a la que un dios cruel cortó los hilos, como un ángel sin alas en tierra hostil abandonado… Aturdido, perplejo, malherido por tu traición y por tu olvido, clamo tu nombre, suplico tu ayuda, lloro mi espanto y mi destierro. Tú, a mi dolor indiferente, giras el rostro y entonces… entonces al fin comprendo. Triste, incómodo fantasma de una guerra antigua y olvidada, errante peregrino sin asilo, desde mi orilla y tu frontera, noche y día, sin  fe  ni esperanza, pese a todo −¡ay, Europa!−  sueño contigo. Continuar leyendo «Inclemencia»

En horas bajas

 

Desde que murió nada ha salido bien. Tan ilusionado como estaba con su nueva condición, tantos trucos como había aprendido, tantos ensayos y al fin… ¡un fiasco total! eso ha resultado. ¿Para esto tanto esfuerzo? refunfuña con amargura, al filo del más sobrenatural ataque de nervios que podáis imaginar. Pese a todo él es un profesional y noche tras noche −esperanzado, infatigable− continúa intentándolo. Apariciones espectrales, rechinar de dientes, espeluznantes chirridos… Pero ocurre que ya nadie cree en los fantasmas y así no hay modo de trabajar. Y sabe que no es su culpa pero ¡ay! es tanta su vergüenza… Continuar leyendo «En horas bajas»

Latidos de olvido

 

Te pierdo. Sé que te pierdo. Lentamente. Sin remedio. Y tengo tanto miedo…

El puñal que atraviesa mi corazón, a cada instante se retuerce más y más y de tristeza y soledad, de impotencia y desamparo, amargas lágrimas lloran mis ojos.

Y sin embargo…

 Eres tú quien pese a todo me rescata del dolor. De nuevo. Como siempre.

Sonríes y nada importa. El miedo, el cansancio, el frío, el futuro tan incierto… Todo se desvanece. Continuar leyendo «Latidos de olvido»