
Si puedes recordarme, siempre estaré contigo
Isabel Allende
Como cada año, con la festividad de Todos los Santos ─o Día de los Muertos como acá en México la llaman─ con puntualidad exquisita regresa noviembre y la melancolía y oscuridad del otoño, por unas horas, de color y magia, con su algarabía enmascara. De luces y velas, de ofrendas y música, de aromáticos y florales altares, se visten las calles y todo lo invade de pronto el esplendor, la fantasía, el brillo, cierto alegre y fantasmagórico desconcierto: un expectante ambiente de mascarada.
No es esta aquí una época triste, no, al contrario. Vence siempre en estos días la ilusión a la tristeza, a la desolación derrota sin piedad la esperanza, al reencuentro con los vivos prestos acuden los muertos y entre tequilas, tamales, pulques, pipianes y otras mil culinarias delicias ─pan de muerto, tamarindos, tétricas y dulcísimas calaveras…─ solo para ocasión tan especial con amor infinito preparadas, el largo regreso a casa, todos juntos al fin, en torno a la mesa festejan. Continuar leyendo «Un invitado inesperado»








