
El despertador sonó a las siete en punto, como cada mañana. Clara lo apagó con un suspiro y clavó los ojos en el techo sin ganas de moverse, pero ya repasaba en su mente las tareas del día: preparar el desayuno, dejar a Jaime en el colegio, responder correos, terminar el informe que dejó a medias la noche anterior, mantener la compostura en la reunión de empresa…
Se levantó y se arregló sin apenas mirarse al espejo. Despertó al niño, le hizo la cama, lo ayudó a vestirse y revisó su mochila. En la cocina, su marido untaba mermelada en las tostadas. Desayunaron juntos y se pusieron en marcha.
De camino al trabajo, parada ante un semáforo en rojo, una frase en la radio la dejó sin aliento. Había oído cosas parecidas en infinidad de ocasiones pero, por algún motivo, en aquel momento, su corazón latió diferente. Continuar leyendo «El secreto de la felicidad»








