
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo
Periodista, novelista, cuentista, Nobel de Literatura en 1982, emblema del llamado boom latinoamericano y figura central del realismo mágico, Gabriel García Márquez (1927-2014) fue uno de los escritores más influyentes de la literatura en castellano del S. XX. Cien años de soledad (1967), su obra más icónica, se convirtió muy pronto en un fenómeno mundial, vendió millones de ejemplares y fue traducida a decenas de idiomas.
Junto a Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes entre otros, formó parte de un movimiento literario capaz de abordar la realidad latinoamericana mediante nuevas técnicas narrativas, experimentales en ese momento e imbuidas de una rara mezcla de fantasía y realidad.
La violencia política, la explotación colonial, la soledad individual y colectiva, la historia, los mitos, las contradicciones de América Latina… Todo ello está presente en Cien años de soledad, relato que es en sí mismo metáfora de aquellos procesos históricos y del aislamiento geográfico y cultural del continente.
La trama de la novela sigue la peripecia de Macondo (pueblo ficticio cargado de simbolismo) y de la familia Buendía a lo largo de varias generaciones en un recorrido lleno de acontecimientos extraordinarios narrados con la misma naturalidad que cualquier suceso cotidiano, dando con ello normalidad y verosimilitud a lo imposible: lluvias que duran años, ascensos al cielo, fantasmas, pestes de insomnio… Lo mítico, lo religioso, lo político, todo aparece entrelazado a la vida cotidiana mostrando una sociedad donde lo fantástico y lo sobrenatural forman parte de su modo de entender el mundo y articulan su experiencia de vida.
La novela rompe también con la linealidad narrativa tradicional armando una espiral donde nombres y acontecimientos se repiten continuamente y el tiempo es cíclico. Los Buendía aparecen así atrapados en un destino inevitable, presos de una herencia familiar llena de violencia y frustración, condenados a repetir los mismos errores una y otra vez, algo que podría también remitir a la situación de Latinoamérica.
La soledad, el poder, el tiempo, la memoria… son los temas de una historia densa y exigente en lo argumental, llena de imágenes y episodios insólitos, exuberante y barroca por momentos pero también poética, que reflexiona sobre el destino humano, tanto individual como colectivo, y la posibilidad de redención. Una obra que trascendió fronteras y cuya lectura nos sigue interpelando.
Hola, Marta, genial reseña. No solo has hecho un comentario de la obra, sino también del autor y de la importancia que él y esta obra tuvieron, tienen, para el panorama literario universal. Espero que junto con reseña y el certamen del Tintero, la gente vuelva a leerla o la descubran aquellos que no lo hayan hecho todavía.
Un abrazo. 🙂
Gran reseña, Marta. Creo que es una obra que no deja indiferente a quien se aventura a leerla. Sé de muchos que no pudieron pasar de las primeras páginas. En mi caso, me encantó (en sentido literal), y me llevó a interesarme por el realismo mágico y por Juan Rulfo, quien según el propio Gabo le sirvió de inspiración. Por cierto, se dice que el autor tuvo que enviar la novela a su editor por partes porque el dinero no le alcanzaba para franquear un paquete tan voluminoso.
La miseria siempre persiguiendo a los escritores. Menos mal que no fue impedimento para regalar al mundo esa maravilla de novela.
Un abrazo.