Smith, Dorothy Evelyn: Oh, qué espléndida música

 

¡Oh, qué espléndida música la del tambor lejano!

Rubayat, Omar Jayam

Dorothy Evelyn Smith (1893-1969) es otra de esas autoras olvidadas durante décadas cuya obra comienza ahora a ser recuperada (Editorial Trotalibros). Hija de un pastor metodista, Yorkshire fue el paisaje de su infancia y el universo que marcaría su literatura. Hacia 1911, la familia marchó a Londres donde ella estudió arte y luego se casó. También allí, durante la Primera Guerra Mundial, trabajó en el Ministerio de Guerra mientras comenzaba a publicar cuentos y poemas. No sería hasta los años cuarenta, sin embargo, cuando despuntaría como novelista.

Oh, qué esplendida música, su primera novela, fue escrita durante los bombardeos alemanes en plena Segunda Guerra Mundial: al final de la mesa de la cocina mientras las bombas caían alrededor de la casa, rememoraba la propia autora tiempo después. Algo que dota de especial significado a una obra centrada en el recuerdo de un mundo pacífico e inocente que parecía perdido para siempre.

Ruan Ashley, una niña inteligente, imaginativa y profundamente sensible es la protagonista de esta historia. Criada en el hogar de un estricto pastor protestante durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, Ruan encuentra en la Naturaleza, en la complicidad con su amigo David y en su inagotable curiosidad, una vía de escape frente las imposiciones de los adultos. Un mundo feliz que años después recordará con nostalgia.

La novela acompaña a Ruan desde los siete a los trece años, mostrando cómo la intuición del amor, la pérdida o las responsabilidades van trasformando lentamente su mirada. Una narración que no aparece marcada por grandes acontecimientos sino por pequeños momentos cotidianos que ganan en intensidad emocional por la delicadeza con que la autora retrata la experiencia infantil. Así, con una prosa serena, luminosa, tremendamente evocadora, logra transformar la aparente sencillez de esas escenas en recuerdos imborrables.

La mezcla de ingenuidad e inteligencia de la protagonista, la autenticidad de su voz, el vértigo que siente ante el futuro, permiten al lector descubrir junto a ella la belleza y el dolor de la existencia. Un mundo, el de la infancia, donde conviven dolor, alegría, desconcierto, capacidad de asombro, crecimiento personal, que en ningún momento se idealiza y que está condenado a desaparecer. El proceso de crecimiento y lo que ello implica para la niña (su resistencia, su empeño en aferrarse a la niñez) se muestra con enorme sutileza.

Una historia preciosa, lenta, sin artificios, llena de humanidad, que reflexiona sobre la memoria, que convierte la nostalgia en resistencia frente a tiempos oscuros (recordar la belleza la preserva de la violencia y la destrucción) y donde la evocación de la infancia adquiere un enorme poder simbólico.

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