Fugitivas

 

«Ya estoy en casaaaa…»

El redoble de un trueno en los cristales la sacó del sueño y rompió la pesadilla.

«Lauraaaa, Cristinaaaa…»

Despertó sobresaltada, presa del pánico y empapada en sudor.

 «Niñaaas…»

Secó de un manotazo las lágrimas que corrían por su rostro y trató de serenarse. Si tan solo lograra extirpar aquella maldita voz de su mente… Continuar leyendo «Fugitivas»

El libro de Miguel Delibes. Vida y obra de un escritor.

 

Un hombre, un paisaje, una pasión

Con motivo del centenario de su nacimiento, la editorial Destino homenajea a Miguel Delibes con una publicación que, a partir de una serie de documentos extraídos de su archivo personal: cartas, fotografías, recortes de prensa… y pequeños textos introductorios redactados por Jesús Marchamalo (comisario de la exposición organizada también en torno a él por la Biblioteca Nacional), recorre la vida y trayectoria de uno de los autores más importantes de la literatura española del S.XX.

Una edición cuidada al extremo, delicada y tremendamente respetuosa que, más allá del novelista, reivindica a la persona: la figura de un hombre honesto, sin imposturas estilísticas ni pretensiones literarias fuera de su alcance.

A través de pequeños fragmentos de entrevistas, reflexiones y extractos de sus obras más conocidas, de la mano del propio Delibes, nos adentramos en las preocupaciones, intereses, aficiones y universo narrativo de un escritor obsesionado por el lenguaje, por la precisión y exactitud de la palabra, por dar testimonio y ser testigo fiel de un mundo y un tiempo que, en el momento mismo de plasmarlo, él ya intuye al borde de la extinción.

Un relato que, sin ser una biografía al uso, revela el alma de un hombre comprometido, íntegro, leal y sencillo, enamorado de las tierras y las gentes de Castilla, apasionado de la Naturaleza y devoto de una mujer, Ángeles de Castro, cuya muerte no superó jamás y a quien, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua, llegó a definir como la mejor mitad de sí mismo.

Un libro bellísimo, elegante y repleto de matices.  Exquisito en la forma, sobrio en los textos, sereno en el recuerdo y muy conmovedor.

Fantasmas contra el alba

 

Amanece. La cenicienta luz del alba quiebra poco a poco la negrura de la noche y una sombra de sonrisa rompe un instante la mueca de sus labios. La esperanza combate a muerte contra el miedo, una lágrima tirita en sus pestañas y un redoble de tambor resuena atronador entre su pecho. Debe ser valiente, lo sabe, pero está tan asustada…

Agarra con fuerza la mano de su padre y pregunta de nuevo:

⸺¿Seguro que llegaremos pronto, papá?

⸺Claro, cariño −traga el hombre el desconsuelo anudado a su garganta y le guiña un ojo− muy pronto, ya lo verás.

Una madre acuna con dulzura a su bebé. Las siluetas de diez hombres aterrados se recortan a la tenue luz de la mañana. El borde del bote de goma cabecea entre las olas y a punto está de zozobrar. Aún no hay tierra a la vista. Continuar leyendo «Fantasmas contra el alba»

Meyrink, Gustav: El Golem

 

¿Quién puede decir que sabe algo sobre el Golem?

«Todo en este libro es extraño», así definió Borges esta enigmática historia, considerada obra maestra de su autor, el austriaco Gustav Meyrink (1868-1932), que toma como punto de partida el mito judío del Golem: un ser artificial hecho de barro, capaz de cobrar vida gracias al poder de las palabras y cometer los actos más atroces.

El protagonismo de esta criatura en la novela no va más allá, sin embargo, de representar la conciencia colectiva del barrio judío de Praga donde transcurre la acción y servir de metáfora para mostrar los peores demonios que esconde en su interior el ser humano. Continuar leyendo «Meyrink, Gustav: El Golem»

Parades, Ovidio: La noche se detiene

 

Solo siento miedo y dolor

Julia Aguado, la protagonista de esta novela, es una mujer próxima a los cincuenta que, tras haber visto truncadas una y otra vez sus expectativas profesionales y pese a su licenciatura en Historia, trabaja como cuidadora nocturna de una octogenaria algo demenciada y cascarrabias en una pequeña ciudad del norte.

 Una noche de primavera y a raíz del ruego que, en un momento de lucidez, la anciana le formula, Julia se verá sumida en un dilema moral que la enredará en el torbellino de la duda y la llevará a evocar un tiempo sino más feliz, al menos sí más ingenuo y esperanzado. Continuar leyendo «Parades, Ovidio: La noche se detiene»

Peces muertos

 

El sol brillaba con fuerza, las hojas de los árboles tiritaban al ritmo del viento y un alegre coro de grillos y mirlos saludaba la mañana. Con un cigarrillo entre los labios y precisión de matemático, el abuelo calibraba la ribera. Las aguas del río se mecían al compás de nuestros remos, nubes de polen amarillo culebreaban sobre ellas y el aire arrastraba aromas de espliego y hierbabuena. Al fin, al hallar un tramo de su gusto, él frenaba poco a poco nuestro avance, asentía satisfecho y, sin una palabra, hermético y taciturno como era, comenzaba a preparar el aparejo: sacaba los gusanos de la lata, los enganchaba a la caña como cebo y me la entregaba luego con un guiño, en un tozudo empeño de contagiar al nieto una pizca de ilusión por el oficio. Todos  los veranos cumplíamos con esmero aquella tradición: ensimismado el hombre en el proceso; rezando el niño en secreto por no sentir un tirón en el sedal. Continuar leyendo «Peces muertos»

Thompson, Jim: 1280 almas

 

Todos los hombres matan lo que aman

Publicada por primera vez en 1964, «1.280 almas» es la que suele ser considerada mejor novela de su autor, Jim Thompson, escritor y guionista  estadounidense que, junto a Raymond Chandler y Dashiell Hammett, fue uno de los grandes maestros del género negro, pese a encontrarse su obra en la actualidad mucho más olvidada que la de aquellos.

El narrador de esta  historia, Nick Corey, es el sheriff  de un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos, una localidad anclada en la ignorancia y el racismo donde  malviven esas 1.280 almas a que alude el título y donde aparentemente nunca pasa nada.

Corey se presenta a sí mismo como un tipo tranquilo, alguien que no quiere problemas, que incumple con frecuencia su trabajo y a quien sus vecinos apenas toman en cuenta. Continuar leyendo «Thompson, Jim: 1280 almas»

En mi defensa

 

…Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios

Juramento hipocrático

Orden, belleza, equilibrio, pureza…

Hubo un tiempo en que rozamos el cielo con los dedos. Un tiempo que huyó de la mediocridad y luchó por la excelencia, que fue mejor porque nosotros tomamos las riendas. Yo lo viví. Yo −último caballero de un reino sin corona− fui su artífice. Mi cuerpo decrépito mantiene intacta su memoria y no, de nada me arrepiento. No me atormenta lo que hice sino lo que dejé de hacer. Un orden superior, más allá del bien o del mal, justificó mis actos. A él me atuve. A mantenerlo destiné mi inteligencia y ofrecí mi lealtad.

¿De qué sirven culpa o remordimientos? No son más que absurdos desatinos. Insensateces que anidan en la mente de los débiles, que frenan el progreso de la humanidad y lo encharcan todo con su llanto.

Orden, belleza, equilibrio, pureza… Continuar leyendo «En mi defensa»

Gorz, André: Carta a D. Historia de un amor

 

A ninguno de los dos nos gustaría sobrevivir al otro

Nacido en Viena en 1923, amigo y discípulo de Sartre y de Marcuse, André Gorz (pseudónimo de Gérard Horst) fue uno de los intelectuales más influyentes de la izquierda europea durante la segunda mitad del S.XX. De formación marxista iría alejándose con el tiempo de muchos de aquellos planteamientos para denunciar los errores y abusos del comunismo. Ello, pese a la huella con que marcó su pensamiento, le llevaría finalmente a enemistarse con Sartre. Mantuvo siempre, sin embargo, una postura muy crítica respecto al capitalismo industrial y llegó a ser uno de los principales teóricos de la ecología política.

En 1983 abandonó por completo su trabajo para dedicarse a cuidar de su mujer, Dorine, aquejada de una rara enfermedad degenerativa. Continuar leyendo «Gorz, André: Carta a D. Historia de un amor»

Corazón de rock´n roll

 

Se llamaba Silvia y tenía una banda de rock. Los niños morían por sus huesos, las niñas imitaban con descaro su aspecto de gótica displicente −ojos ahumados, melena azabache, piercings y botas de soldado, calaveras y tachuelas…−, las madres maldecían impotentes tan temible y fatal influencia.

Su voz desgarrada, sus provocaciones de artista transgresora, la rebeldía que apenas disfrazaba la adolescente fragilidad que aún hería su mirada, la convirtieron en estrella de la noche a la mañana. Las radios repetían sus canciones sin cesar, reporteros sin escrúpulos la acosaban inclementes, sus conciertos agotaban en minutos el aforo…

Hasta que, de pronto, un día, la supernova implosionó. Desapareció. Sin rastro. Sin explicación. Abandonó los focos y nadie volvió jamás a saber de la cantante.

«Una carrera truncada, otro juguete roto…», se especuló durante meses. Pero nuevas chicas ocuparon su lugar y, poco a poco, el mundo la olvidó.

A salvo ahora, tantos años después, de aquel extravío, Silvia sueña a veces ese tiempo. Los recuerdos resquebrajan entonces su coraza, rasgan su antifaz de ejecutiva y dejan en su rostro un surco amargo de melancolía. Rehuyó la fama por ganar la vida. No se arrepiente. Pero a veces… algunas veces…

 

 

 

Esta Noche Te Cuento