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Cicatrices

 

«A Dios pongo por testigo», maldecía Escarlata O’Hara entre las ruinas de Tara. «A Dios pongo por testigo», musitó también Aurora frente al televisor. Una lluvia menuda e intensa caía al otro lado del cristal y un aroma fresco a tierra mojada llenaba el aire. Secó una lágrima atrapada en sus pestañas y se acercó a la ventana. «¡Por fin! − suspiró mientras miraba la lluvia caer.− ¡Por fin!». Había conjurado esa noche un fantasma y una sensación agridulce invadía su alma. Lo había logrado. Una etapa de su vida se cerraba para siempre y comprobó con sorpresa cómo el alivio ganaba la partida a la melancolía. Se había enfrentado a Alberto sin llanto ni reproches. Había sido capaz. Al verlo plantado frente a ella suplicando su perdón, algo se le había roto dentro, algo definitivo que la removió con sentimientos que no había experimentado en mucho tiempo.

Alberto. La vida antes de Alberto era una sombra oscura en su memoria. Lo había conocido en su primer año de universidad. El chico más guapo de la clase. El chico ingenioso y divertido con el mundo entero rendido a sus pies. El chico que en una fiesta, le susurró al oído: «un día me casaré contigo». Y agradecida a su buena suerte, porque la había elegido a ella y solo eso importaba, porque la primera vez que la vio pensó que era bonita y el estómago se le hizo un nudo, porque el amor a primera vista era tan ridículo como irresistible, Aurora se casó con él. Continuar leyendo «Cicatrices»

Mujer en el espejo

 

«Espejito, espejito…», se burló de sí misma frente a su reflejo. Observó un instante su imagen con sarcasmo, ajustó la peluca que disfrazaba de platino su cabello y retocó el maquillaje desteñido en sus facciones. Al otro lado del cristal, unos ojos duros y apagados, enfermos de sufrimiento y de vergüenza, la juzgaban inmisericordes. Tropezó con la mueca que tensaba sus labios, examinó sin piedad los surcos que recorrían su rostro, las ruinas de una juventud y una belleza enterradas vivas en decenas de sórdidos moteles, en bruscos despertares de sueños agitados, en secretos desengaños de mil esperanzas calladas…, y un pellizco de tristeza la removió por dentro.

Apartó al fin con un suspiro la mirada del espejo, tomó los billetes que, aún a medio vestir, el desconocido de turno le tendía y salió a la calle.

⸺¿Paloma? −la reconoció de pronto una voz entre las sombras.

⸺Lo siento, se equivoca −respondió la mujer con aspereza, hurtándole a la noche y sus fantasmas el semblante.

El ruido sordo de sus pasos ahogó su llanto y su lamento. El latido herido de un corazón que en lágrimas de amargura se rompía al sorprender los ecos de su belleza perdida. Continuar leyendo «Mujer en el espejo»

Orwell, George: Rebelión en la granja

 

Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír

G.O.

Una noche el viejo cerdo Mayor, uno de los habitantes de la llamada Granja Manor, tiene un sueño, casi una premonición, que al despertar decide compartir con sus compañeros. Reunidos todos en un extremo del granero principal, a salvo de la mirada del señor Jones (propietario de la granja), una vez acomodados y captada su atención, comienza a hablarles del utópico mundo que soñó: un mundo donde todos los animales serían libres e iguales, lejos de la injusticia y el despotismo con que el ser humano los ha tratado siempre, del sometimiento a que se encuentran atados y de la necesidad para lograrlo de rebelarse en algún momento contra tales ataduras. Sus palabras llenan de inmediato a todos de esperanza haciéndoles pensar que una vida nueva y mejor, más justa, libre de la tiranía y del yugo del hombre, tal vez sea posible.

 Mayor muere poco después y los cerdos, como animales más inteligentes de la granja, articulan entonces a partir de su discurso una ideología a la que denominan Animalismo que muy pronto habrán de llevar a la práctica tras el repentino e inesperado triunfo de la revolución. Continuar leyendo «Orwell, George: Rebelión en la granja»

Un día de lluvia

 

Me tacha la envidia de egoísta y caprichoso ¡Menudo disparate! No lo soy en absoluto pero se encuentra ya tan extendido ese rumor que obviaré el esfuerzo de negarlo. Ocurre que nunca conocí la timidez y quizá tomen los necios por desdén la imperturbable seguridad que me acompaña. El mundo me idolatra, es así y ¿quién soy yo para juzgarlo?

Mi audacia y mi elegancia les fascina, esa rara mezcla en mi expresión entre indiferente y atenta, siempre distante y pese a ello vulnerable, tan propia de mi espíritu bohemio, de mi alma de bribón desvergonzado.

Me siento en casa en cualquier parte pero nunca en ninguna construyo mi hogar. Me hastía la rutina, no tolero lazos ni ataduras, con nadie soy complaciente y a nadie necesito. Sin embargo, una extrema propensión a cierta cordialidad afectuosa, un desbocado impulso hacia la calidez y la ternura, se apodera a menudo de  mi corazón y eso −yo lo sé− es lo que me hace irresistible. Continuar leyendo «Un día de lluvia»

Señora de rojo sobre fondo gris

 

Su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir

«Soy consciente de que con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo», así rendía homenaje Miguel Delibes en su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua en mayo de 1975, a su mujer, Ángeles de Castro, fallecida a los cincuenta años a causa de un tumor cerebral pocos meses antes. Esa muerte, tan temprana e inesperada, paralizó por completo al escritor sumiéndolo en una crisis creativa que le llevaría mucho tiempo superar y dejando en él una huella de tristeza y amargura que arrastraría hasta el final de su vida.

«Señora de rojo sobre fondo gris» es la novela con que, diecisiete años después, reconstruye la memoria que él guarda de su esposa. Un texto evocador, íntimo y muy emotivo, escrito a modo de monólogo, donde fácilmente se adivina tras el personaje de Nicolás al propio Delibes. A través de su protagonista, un reconocido pintor que va desgranando poco a poco para su hija (presa por motivos políticos) los últimos meses de la vida de su madre, dibuja Delibes el perfil de la mujer que guió siempre su camino y sin quien ahora se encuentra perdido. Continuar leyendo «Señora de rojo sobre fondo gris»

Los hijos

 

Si no sigues viviendo no creces

La explosión de una central nuclear y la tremenda catástrofe ambiental que ello ocasiona, es el punto de partida de una obra, «Los hijos», centrada por completo en el tema de la crisis climática, la sobreexplotación de los recursos naturales del planeta y los problemas que por tal causa deberán afrontar las generaciones próximas.

Ambientada en un futuro indeterminado pero aparentemente cercano, la acción se desarrolla en una pequeña cabaña (también sin ubicar con exactitud) donde tras la explosión se han refugiado dos de los científicos responsables de la central, una pareja de sexagenarios que, en medio del desastre, intenta mantener una extraña apariencia de normalidad. Será el reencuentro con una antigua compañera de quien no habían tenido noticia en más de tres décadas, lo que les haga tomar conciencia de lo sucedido y los obligue a reflexionar sobre ello. Continuar leyendo «Los hijos»

Melancolía

 

Para él la vida era una prisión con las paredes muy altas, muy altas…

Émile Bernard

Una oscura leyenda corría por el pueblo en torno a él, de boca en boca su nombre andaba, sordo era el rechazo en cada gesto, esquivas las miradas, reticentes los saludos, apresurados los pasos al advertir su presencia. «¡Pobre loco!», murmuraban las gentes a su paso y sin nadie conocer la causa, sin motivo ni razón, todos le temían.

Solitario, siempre absorto en sus abismos, él vagabundeaba noche y día por los campos, perdida en el horizonte la mirada, devorada su alma de melancolía y de tristeza  y solo en sus pinceles algunas tardes, muy pocas, hallaba su espíritu la calma. Continuar leyendo «Melancolía»

Highsmith, Patricia: Extraños en un tren

 

La ley de la sociedad era benévola comparada con la de la conciencia

Primera novela de Patricia Highsmith con la que llegó a estar nominada en 1951 al premio Edgar de misterio, quizá la historia de «Extraños en un tren» sea más conocida por la adaptación que de ella hizo al cine Alfred Hitchcock que por la propia novela. Esta adaptación, magnífica y muy exitosa en su momento, conserva sin embargo muy poco del espíritu y la filosofía que impregna el relato original y no basta solo con ella para comprender la complejidad de la narración de Highsmith.

Pese a su innegable corte de género policíaco, «Extraños en un tren» es una novela con voz propia, muy innovadora, que sobre la teoría de que cualquiera puede convertirse en asesino, que tan solo basta para ello hallar el motivo adecuado o rebasar ciertos límites, gira en realidad en torno a la maldad, la mentira, la ambigüedad moral y sobre todo la culpa. Continuar leyendo «Highsmith, Patricia: Extraños en un tren»

Tempus fugit

 

Un viejo peregrino cansado de recorrer el mundo llegó una noche a la ciudad. Venía de muy lejos, traía el cuerpo fatigado y una tristeza inconsolable lo inundaba como una ola de hiel. Sus ojos gastados reflejaban la huella del tiempo, le flaqueaban las fuerzas y ya presentía concluida su misión. Había visitado países de anchos ríos e inmensas sabanas, atravesado desiertos de arenas blancas, navegado mares de aguas turbias y oscuras. Había conocido la alegría y la derrota, la decepción y la esperanza y llegado era el momento de marchar. Continuar leyendo «Tempus fugit»

Impotencia

 

Día tras día contemplo a lo lejos con nostalgia esas nubes tan suaves, tan blanditas, casi de algodón de azúcar que el sol acaricia con dulzura al amanecer, mientras en el cielo remolonea todavía alguna estrella despistada. Y me siento de pronto tan lejos de casa… Intento no llorar, aunque a veces… Siempre fui algo melodramático, la verdad y una decepción inexplicable asalta a veces mis ojos celestes. El caso es que debo cumplir mi misión y por raro que os parezca yo mismo sugerí este destino. Pero si supierais cuánta maldad e indiferencia surca este ingrato mundo vuestro… ¡Jamás imaginé que tan difícil sería ganar mis alas! Continuar leyendo «Impotencia»