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La leyenda del payaso triste

 

No sé por qué sucede pero sí lo que muchos de vosotros veis en mí. Con absoluta claridad lo percibo cada noche cuando, terminada la función, oscuro y ya vacío el escenario, algo preso todavía de mi propio personaje, siento como esquivan vuestros ojos los míos si por azar un instante con ellos se cruzan, como un extraño pudor (¿tal vez compasión?) de inmediato entonces ruboriza vuestro semblante.

 Es la leyenda que consigo arrastran todos los payasos del mundo: chanzas, carcajadas, ropas de colores o estridente maquillaje que sin duda (sospechan todos) un corazón herido apenas un instante disfrazan.

Tanto y tanto esta fábula se extendió que imposible resulta ya negarla.

Mas, creedme, no es cierta. Si concluida la función no halláis en el rostro del payaso una sonrisa, no juzguéis su mueca tristeza o amargura: no lo es. A vosotros su más bello tesoro regaló, ¿no lo veis? e igual que tras la oscuridad alumbra siempre el nuevo día, al amanecer mil risas nuevas el payaso inventará. Esforzados artesanos de la alegría nosotros somos, debéis saber. Guardianes únicos de un conjuro que, del tiempo y el olvido, con ternura infinita resguardamos. Continuar leyendo «La leyenda del payaso triste»

Amarga traición

 

Desamparados, incrédulos, atónitos ante la situación en que se encuentran, no entienden qué motivo eclipsó su magia, porqué dejaron de ser centro de atención, de recibir alabanzas, apresar miradas, para hallarse ahora, roto el hechizo, inmersos en semejante oscuridad. ¿Qué ocurrió?, se preguntan con espanto, ¿cómo es que los abandonaron en ese inhóspito lugar?

Y están tan asustados… Amontonados unos sobre otros, tristes, sin consuelo.

«Nuestro tiempo ha pasado ─tintinea al fin una vieja campanilla con dulzura─ pero no temáis, regresarán. Siempre regresan a buscarnos».

Y con esa promesa guardada en el alma, estrellas, guirnaldas, angelotes… se acurrucan todos bien juntos en la caja, al fondo del armario, y cierran los ojos. Hoy los abandonan a su suerte pero otras manos los devolverán luego a la vida. Alguien ─alegría en los labios, ilusión en las pestañas─ los rescatará finalmente del olvido para tintar de colores y hacer brillar con ternura los días más bonitos del invierno. Continuar leyendo «Amarga traición»

Cuento de Navidad

 

El día en el parque de atracciones había sido largo y agotador. Monótono como todos los de aquella semana maldita. Almibarado hasta la náusea. Un día más. Un día como otro cualquiera, vaya. Y, por más que me esfuerce, no soy capaz de recordar nada especial, la más nimia diferencia que hiciera presagiar lo que estaba a punto de ocurrir.

Yo fui la única culpable, lo reconozco, pero no esperen de mí arrepentimiento. A estas alturas del cuento ya deberían saber que nunca fue ese mi punto fuerte.

En fin, creo simplemente que mi proverbial paciencia se agotó de golpe y, bueno, tal vez estuviera un poco celosa, no lo niego. Tantos pequeñines galopando felices, gira que te gira en los caballitos de la noria, tanta sonrisa manchada de algodón de azúcar, tanta navideña ingenuidad, tanta candidez, tanto osito de peluche… ¡Agh! Continuar leyendo «Cuento de Navidad»

El espíritu del lago

 

Guarda el bosque una leyenda de soledades y melancolías, de amores contrariados y corazones rotos, de dolor y muerte, de llanto y desolación. Cuentan que, entre las cristalinas aguas del lago que al borde de la ladera brilla, incorpóreo como ellas, fugaz y transparente, un espíritu de mujer habita. Unos ojos verdes, embrujadores, misteriosos, muy bellos y tristísimos que, de cuando en cuando, entre esas aguas −las gentes del lugar dicen− se divisan. Unos ojos que una traición de amor lloran sin consuelo, que, esperanzados y pacientes, ingenuos e inocentes, al amparo de la noche y de sus sombras, bajo aquellas mágicas aguas argentinas, siempre brillantes, contra toda esperanza al traidor aún esperan, tal vez le amen todavía. Sólo a los llorosos sauces, a los álamos centenarios, a los frágiles juncos y dulces nenúfares, a la brisa suave y la espectral neblina, algunas noches claras de luna llena su secreto revelan, junto a ellos lloran su infeliz destino y, sólo a ellos, sin palabras, hablan de su herida. Continuar leyendo «El espíritu del lago»

Tiempo de ilusión

 

La aurora barre despacio el rastro de la noche mientras en su ventana, una mujer contempla la escarcha que a esa hora soñolienta brilla todavía en los tejados. Un destello de felicidad la asalta por sorpresa. Y de inmediato ─sonrisa en los labios, ojos inocentes y burlones─, todo lo olvida: los años que corren sin remedio, el cansancio, el frío, el futuro tan incierto… Raudos sus miedos se deshacen, atenta al latido en su pecho de algo hace mucho (demasiado) tiempo olvidado. Tierna y poderosa, sacude su alma la magia de la Navidad. Continuar leyendo «Tiempo de ilusión»

Wendy

 

Su tiempo se agotó, la magia se desvanece en el aire con dulzura y ya se advierte próximo el momento de marchar. Aunque… Tal vez… ¿Y si al fin no fuera necesario? ¿Y si fuera posible esquivar la partida?

Entre el deber y la esperanza, la niña se debate indecisa mientras, a lo lejos, la luz de una ventana para ella siempre abierta aguarda con paciencia su regreso. Al oído un rumor de campanillas, un susurro muy dulce y muy bajito que dolorido le murmura: «Nunca jamás olvides». Un dedal sobre su pecho, cerca, muy cerca, del corazón. Para siempre en su recuerdo, un muchacho de sonrisa pícara y valiente que a duras penas oculta el dolor que sus ojos gritan. Y una despedida: «Segunda estrella a la derecha, ya sabes, todo recto hacia la mañana. Siempre allí te esperaré». Continuar leyendo «Wendy»

Cuando llega el invierno

 

Nieva. La noche cae sobre la ciudad. Ningún astro brilla en el cielo y la temprana oscuridad del invierno todo lo invade. Una atmósfera húmeda y fría sin piedad hiela el mundo con su soplo glacial.

Por las calles nevadas un hombre, apenas un fantasma, camina. Cabizbajo y lento, triste boceto de sí mismo, abotonado hasta el cuello el chaquetón, solapas levantadas, surcos en la frente, cicatrices en el alma…

Solo a las sombras confía su pena y a la gélida noche un chispazo de luz implora en ocasiones sin quererlo. Continuar leyendo «Cuando llega el invierno»

Quimera

 

Mi vida siempre estuvo hecha de apariencias más que de verdades. Es cuanto puedo decir. Nadie en mi alma se adentró jamás y, sin embargo, mucho de mí todos hablaron. Cuentan que alguna vez fui la casquivana musa de un pintor de escaso ingenio y muchos aires de grandeza, que el corazón de un  joven músico −inclemente como siempre fui− en mil pedazos un mal día destrocé, que una leyenda de amores contrariados, de cuando en cuando, a mis ojos se asoma y un mundo de secretos arrastra mi sonrisa. Un juguete en manos del azar, caprichoso y enigmático: tan sólo eso es lo que he sido. Y nada importa lo que digan. Atraparme, no podrán jamás. Soy misterio, embrujo, fantasía… un suspiro, un anhelo, una ilusión… El más dulce verso escapado de labios de un poeta. Un bello sueño que sólo entre tus sueños habita. Continuar leyendo «Quimera»

Las voces del lago

 

Un nuevo amanecer despunta en la laguna y enredado entre la bruma un llanto suave, muy dulce, un llanto que de las ondas y el rumor del agua parece brotar, a esa hora tan temprana, como cada día, se escucha. Y es aquella una voz herida, una voz sin rostro, un eco antiguo y torturado que en la soledad callada de este lugar tan triste y ya sin alma −la más tenebrosa frontera entre la luz y la tiniebla que jamás en el mundo existió− tiernas lágrimas a los espectros arranca. De tanto dolor una mirada impaciente y a destiempo, una mirada de amor vencida, una única mirada, ha  sido la causa. Un rostro de mujer apenas entrevisto. Una condición incumplida. Una promesa a los dioses infringida. Y una condena… Implacable y cruel.  Eterna y definitiva será la separación. Amargo y desesperado el lamento de un frágil mortal que, a fuerza de amor y al hechizo de su canto, el corazón del Averno un día conmovió, de un hombre enamorado que anhelante, un instante antes de que los rayos del sol a la mujer que tras él venía por completo vistieran con su luz, los ojos hacia ella, todavía inmersa entre las sombras, giró sólo para contemplar −fatídica promesa quebrada− como lentamente, por segunda vez y sin duda ahora para siempre, frente a él Eurídice se desvanecía. Continuar leyendo «Las voces del lago»

Dentelladas de nostalgia

 

Lejana sombra de un pasado que para siempre el viento se llevó. Melancolía, humo,  silencio. Instante que pasa y ya no es. Efímero perfume del tiempo que el dolor y la música de un mundo perdido por ensalmo en nuestro recuerdo evoca. Notas suaves de un piano. Arcoíris atrapados entre pompas de jabón. Luz, viento, escarcha, rocío… Tenues huellas de una belleza yerta y olvidada, de una belleza antigua, etérea y  muy fugaz. Latidos de emoción, de dulzura, de alegría, de pena, de esperanza. Quebradizos espejismos que al oído, conmovidos, a las almas sensibles su más poderoso secreto revelan y las hacen −nos hacen− entonces con asombro y  con sorpresa comprender que, siempre, pese al dolor, al desgarro, a la distancia, al miedo y la más feroz derrota, aferrados al anhelo y la nostalgia, tal vez por su memoria confundidos, a su mágico embrujo por completo rendidos, si en ellos fuimos felices un día, allí siempre, frágiles y expectantes, seguimos: en todos los lugares de los que nos hemos ido, en todos los lugares donde un día sin remedio hace mucho entre la bruma del tiempo diluido, otra vida, audaces, jóvenes e insolentes como fuimos, bajo el tembloroso destello de mil estrellas, cómplices, blanquísimas, eternas y serenas, a soñar nos atrevimos. Continuar leyendo «Dentelladas de nostalgia»