Expectativas

 

Carmela se levantó temprano. Los nervios la habían mantenido en vela buena parte de la noche y harta ya de dar vueltas en la cama se puso en marcha con una sonrisa entre los labios. «Vieja tonta», se burló de su emoción en el espejo mientras repasaba por enésima vez la lista de tareas de la mañana. Se aseó con rapidez y comenzó su labor. Aireó la casa, arregló su dormitorio y se encerró en la cocina dispuesta a preparar los platos favoritos de sus nietos. Alba y Manuel crecían deprisa pero aún les gustaba el pueblo y pasar unos días en casa de la abuela. La quincena que cada verano tenía a los niños solo para ella era su mejor regalo. Los mimaba, jugaba con ellos, consentía todos sus caprichos… Rejuvenecía con su vitalidad y su alegría.

Aún no era mediodía cuando terminó de cocinar. Se cambió de ropa, peinó con esmero sus ricitos rebeldes y se sentó a esperar en su mecedora favorita. Encendió la televisión y la apagó enseguida, cogió luego un libro y trató de leer pero… No, imposible concentrarse. Bumbum, golpeaba el corazón contra sus costillas, bumbum… «Vieja tonta», insistió con descaro su sonrisa Continuar leyendo «Expectativas»

Fenómenos

 

Con los humanos como atracción estelar, el gran circo intergaláctico anunciaba la función. «¡Pasen y vean! ─tronaba una voz en el espacio─ ¡El mayor espectáculo del Cosmos! ¡Pasen y vean!». Responsable de la gran hecatombe que generó la nueva era, la raza humana era una leyenda que se perdía en el principio de los tiempos. Seres de todos los rincones del Universo llenaban el anfiteatro con enorme expectación. ¿Algún grupo habría sobrevivido a la extinción?, ¿era eso posible?. «¡Pasen y vean! ─repetía la voz su exhortación─ ¡¿Mito?! ¡¿Realidad?! ¡Pasen y vean!». Atado a los barrotes de su jaula, un hombre temblaba mientras tanto de miedo y desconsuelo. Continuar leyendo «Fenómenos»

Lo que nadie ve

 

Como si él mismo fuese su más pesada carga

La Metamorfosis (Franz Kafka)

Igual que Gregor Samsa, Miguel Fernández se había convertido en cucaracha. No literalmente, por supuesto, esas cosas pasaban solo en las novelas, pero así era exactamente como se sentía. No había mejor modo de explicarlo. Notaba el asco que su presencia provocaba, el rechazo en las miradas de la gente, el perímetro de seguridad que agrandaba más y más el vacío en torno a él. La desdicha de aquel pobre personaje era ahora la suya. Tantas veces la había explicado en clase a sus alumnos y de pronto…

No recordaba los días que llevaba sin hablar con nadie. Había perdido hace mucho la cuenta y el peso de la incomunicación lo abrumaba. Un vidrio de tristeza velaba sus pupilas, lo torturaba el remordimiento, la flaqueza de un espíritu incapaz de hallar la voluntad que sí tuvo en otro tiempo. Demasiado tarde para hacer balance de todos sus errores asumía la culpa pero aún así…¡con cuánta furia lo mordía el desamparo! La ciudad había clavado en su carne los colmillos y le mostraba su cara más inhóspita. Continuar leyendo «Lo que nadie ve»

Defensa propia

 

─¡Condenados inútiles! ─maldecía el emperador a sus generales─ ¿Cómo habéis sido tan incompetentes? ¡Por todos los dioses! ¿Cómo habéis permitido semejante desatino?

─….

─¿Cómo? ¡Responded, maldita sea!

─….

─ ¡Tanta vigilancia, tanta guardia recorriendo mis dominios, tanto presupuesto defensivo! ¿Para qué? ¡Decidme! ¿Para qué? Continuar leyendo «Defensa propia»

Cuerpos celestes

 

Amanece. Las estrellas juegan a esconderse en los colores del alba. El rumor del viento acuna la mañana. Ella, pálida y ojerosa, termina su guardia nocturna. Él la releva radiante. El nuevo día despunta. Le guiña un ojo. Sonríe. ¡Ay, amor! La madrugada es cuanto tienen. Un relámpago estremecido de ternura, un «te quiero» murmurado en la penumbra, un espejismo de sombra y luz. Clavan uno en otro la mirada y un puente de caricias aletea entre los dos. Luego, cual espectro inalcanzable, ella se desdibuja muy despacio. Desaparece en el horizonte: tenue, sin estela, sin color. Tiembla entonces una lágrima en sus ojos… Y una gota helada escarcha de rocío la cara oculta de su rostro. Continuar leyendo «Cuerpos celestes»

Abandono

 

Recuerdo que te olvidé, murmura la luna culpable y hermosa

Y hace tanto frío…

Recuerdo que te olvidé, clama en la noche el vaivén de las olas

Y es tan inmenso el miedo…

Recuerdo que te olvidé, susurra en el cielo una estrella lejana y llorosa

Y estoy yo tan sola…

Recuerdo que te olvidé, quiebra entre las ruinas el silencio una plegaria

Un mal día, cobarde y cruel, para siempre te olvidé

Llora desde entonces un corazón su herida

Grita su impotencia, su espanto y su amargura

En nadie hallará consuelo

Fantasma invisible de una guerra antigua y olvidada

Incómodo testigo de la infamia y la derrota

Trágico protagonista de un cuento sin alma ni final feliz Continuar leyendo «Abandono»

El tren de las oportunidades perdidas

 

La estación hierve de actividad. Es hora punta y decenas de viajeros corren por el andén. Las consignas bullen como un enjambre. Ajenos al alboroto que los rodea, enfrascados en sus propios pensamientos, dos jóvenes ─diabluras del destino─ cruzan de repente la mirada. Él, mochila a la espalda y libro en las manos. Ella, parada entre la gente con aire despistado. El tiempo se detiene. En los ojos de él, presiente ella la luz de una aventura. En los de ella, él adivina un oasis de calma. Sonríen al unísono y una promesa tiembla en el aire. Pero el hechizo se rompe apenas nacido. La llegada del tren los trae de vuelta al presente, a los horarios, los compromisos y las citas. Él sube a su vagón con un suspiro. Ella duda un segundo, comprueba la hora en su reloj, no se mueve. Esos ojos… ¡ay, esos ojos! Sacude al fin la cabeza con gesto de extrañeza, agarra sin ganas su maleta y, tras un último vistazo por encima del hombro, se dirige a la salida. En su mente, el eco silencioso de una despedida, de un encuentro inexistente, de lo que pudo haber sido… De lo que nunca será. Continuar leyendo «El tren de las oportunidades perdidas»

La sinfonía del destino

 

La música abrasaba su cabeza. Corcheas, fusas, semifusas danzaban en su mente de forma continua y obsesiva. A sus pies, las trizas de un montón de partituras daban cuenta de sus dudas. Manuscritos tachados, borrados, desgarrados… Pasajes escritos y reescritos mil y una veces en busca de la nota justa, de la secuencia exacta que acallara los rumores que ya corrían por Viena. ¡Qué vergüenza! Lo desesperaba andar de boca en boca, la compasión que adivinaba en los gestos de quienes antes lo admiraban, la curiosidad impresa en la discreción de sus amigos, las sonrisas condescendientes de algunos conocidos… El destino lo había golpeado con dureza pero aún no estaba derrotado. No, no lo estaba e iba a demostrarlo. Se sentó a la banqueta del piano, abrió la tapa, colocó en el atril la composición en la que hacía días trabajaba y sus dedos viajaron de un lado a otro de las teclas. Las golpeó con furia, con los ojos cerrados y la rabia ahogada en la garganta. Impredecible y poderosa, la nueva sinfonía flotó un instante en el aire para agitarlo luego con la violencia de una tempestad. TA-TA-TA-TAAAN…. Sintió latir las notas en el fondo del alma. TA-TA-TA-TAAAN…. Jamás podría escucharlas pero eran suyas. TA-TA-TA-TAAAN, TA-TA-TA-TAAAN, TA-TA-TA-TAAAN…. Graves, exaltadas y perfectas. La angustia cedió, dejó paso a la esperanza y un presagio de futuro iluminó su rostro. Fugaz como una estrella. Enigmático como una intuición de eternidad. Continuar leyendo «La sinfonía del destino»

Dual

 

Miedo de ser dos camino del espejo

Alejandra Pizarnik

Me siento alegre y triste al mismo tiempo, el miedo me consume y una tormenta ruge en mi interior. Dicen que estoy enfermo. Puedo ser bondadoso o destructor, indulgente o maligno, como si dos personas compartieran mi alma. No sé qué es pero algo terrible me sucede. Temo la negrura de mi sombra y no hallo en mí punto de equilibrio. Mi mente es un rompecabezas fragmentado, un laberinto de voces aullando sin descanso. No sé quién soy. Un vaivén sin eje sacude mis sentidos y una parte de mí hace cosas sin permiso. Camino hacia el abismo, no controlo mi destino y me encuentro tan perdido…

Nadie ha sabido nunca de esta condición que me carcome. Toman por ingenio mi locura. Pero esta vez… ¡Ay, Dios! Continuar leyendo «Dual»