
Medianoche. Oscuridad y silencio. Calla el mundo. Comienza mi tiempo. Tras el lúgubre tañido de las campanas, eco extraño y sobrenatural que la madrugada quiebra, mis restos al mundo de nuevo regresan. Errante y espectral, confundido entre la espesa niebla que por doquier en torno a mí se extiende, revelo con cautela mi presencia entre los vivos.
Con infinito esmero, días, semanas, meses enteros, preparé mi aparición. Al cabo ahora el tiempo se cumplió y fue esta noche doliente y tenebrosa la elegida como testigo de mi momento estelar. Nada quedará al descuido. Exitosa sin duda resultará la misión. Y yo mismo, llegada la hora, de ello daré fe.
Sé bien la incomprensión y el pavor que mi labor despierta, mas no hay motivo que me obligue a excusarme. Cumplo a conciencia un deber al que ⸺no importa la causa⸺ juré lealtad en un tiempo antiguo, anclado sin remedio a mi memoria. Continuar leyendo «Impostor»











