
Sangra la ausencia
En el alma espinas de silencio
Arde la herida
En la noche llagas de recuerdo

Ser hombre es ser responsable. Es sentirse avergonzado frente a una miseria que no parecía depender de uno.
Antoine de Saint Exúpery
Crees conocer mi historia. Me juzgas. Sé que me desprecias pero… piensa un poco: ¿qué sabes de mí? Mi oficio es viejo como el mundo, recalca el tópico una y mil veces repetido, e inmenso y viejo como el mundo es también mi desamparo.
No soy nada. Un polizón herido en el naufragio de otra vida. Y nada importa si llegué del Este, si soy autóctona o latina, qué miserias me trajeron hasta aquí o qué torpezas del destino me condenaron al infierno sin quererlo. Pero tu indiferencia y la mirada ausente que, apenas un instante, resbalas por mi cuerpo… Esos ojos que desaíran el contacto con los míos borran de un soplo la moribunda dignidad de mi existencia. Continuar leyendo «Deja que te cuente»

La literatura es el sentido mágico de la vida
Ana Mª Matute
El bosque aguardaba. Nada rompía su letargo. Verano no dejaba paso a Otoño ni Inverno a Primavera. El tiempo agonizaba, detenido en la espesura. Las estaciones no se sucedían. Ya no trinaban los ruiseñores en sus nidos ni danzaban las ninfas sobre las aguas del río. Las hadas destejían hilo a hilo sus hechizos, lágrimas de luna lloraban las luciérnagas y el sueño intempestivo de los trasgos boicoteaba sus diabluras sin quererlo. «Érase una vez…», murmuraba el viento entre los álamos. Pero los hombres habían olvidado la magia del conjuro y, abandonado y solitario, moría de tristeza el bosque encantado. Continuar leyendo «Cuando muere la magia»

¡Ay madre! ¡Buena la hice! ¡Si es que no se puede ser tan impulsivo! Pero la puerta estaba abierta, el vigilante brillaba por su ausencia y yo… Me aburría tanto en la jaula que no lo dudé, no fui capaz de resistir la tentación. Solo iba a ser una vueltecita, ¿qué había de malo?. Un paseo rápido, curiosear un poco y de nuevo en casa a la hora de la cena. Tan contento, todo en su sitio y nadie enterado de mi pequeña travesura. Lo que no podía imaginar es que el mundo exterior me fuera a cautivar de esta manera, que fuera tan inmenso y tan divertido. Deslumbrado me tiene. Y, sí, reconozco que la excursión se me ha ido un poquito de las manos. O de las garras, debería decir mejor. Y es que lo estaba pasando tan bien que he perdido completamente la noción del tiempo y el sentido de la orientación. Cosa no tan extraña, por otro lado, si pensamos que hasta ahora mi mundo se había limitado siempre a la desangelada carpa donde actúo, a fieros domadores con pretensión de gladiadores y majorettes de sonrisa postiza y ademanes de corista. Pero ya digo que soy impulsivo y pensar, lo que se dice pensar, no pienso mucho las cosas, la verdad. En fin, que cuando me he querido dar cuenta estaba perdido, hambriento y llorando mi inconsciencia en una acera. Detalle este en particular que me avergüenza terriblemente y del que no sé si mi orgullo herido se repondrá alguna vez pero que, si vamos a ser sinceros, debo reconocer sin paliativos. Para colmo de infortunios cuando, al oír la sirena de ese camión de bomberos detenido ahora frente a mí, he logrado levantar la mirada del suelo lo que he entrevisto a través de dos gruesos lagrimones me ha espantado de tal modo que todas las mechas de mi esponjosísima melena han comenzado a temblar descontroladas. Porque tampoco es que yo sea muy intuitivo y hasta es posible que a estas alturas ya me esté volviendo ─quizás─ una pizca paranoico pero tengo la impresión de que toda esta gente que comienza a rodearme muy buenas intenciones no tiene… Continuar leyendo «El rey de la selva»

Medianoche. Oscuridad y silencio. Calla el mundo. Comienza mi tiempo. Tras el lúgubre tañido de las campanas, eco extraño y sobrenatural que la madrugada quiebra, mis restos al mundo de nuevo regresan. Errante y espectral, confundido entre la espesa niebla que por doquier en torno a mí se extiende, revelo con cautela mi presencia entre los vivos.
Con infinito esmero, días, semanas, meses enteros, preparé mi aparición. Al cabo ahora el tiempo se cumplió y fue esta noche doliente y tenebrosa la elegida como testigo de mi momento estelar. Nada quedará al descuido. Exitosa sin duda resultará la misión. Y yo mismo, llegada la hora, de ello daré fe.
Sé bien la incomprensión y el pavor que mi labor despierta, mas no hay motivo que me obligue a excusarme. Cumplo a conciencia un deber al que ⸺no importa la causa⸺ juré lealtad en un tiempo antiguo, anclado sin remedio a mi memoria. Continuar leyendo «Impostor»

Caía la noche y comenzaba a nevar cuando el peregrino divisó Compostela. Detenido frente a ella ─mentón sobre el cayado, melancolía en la mirada─ contempló un instante la ciudad. Los copos pintaban de blanco el paisaje, el viento azotaba los helechos y, a lo lejos, un familiar repique de campanas consolaba su espíritu. La silueta de la catedral, sobrecogedora en su inmensidad y su belleza, le daba la bienvenida.
Había llegado a las puertas de Santiago tantas veces…
Jamás, sin embargo, traspasaba su umbral.
Desde la distancia musitaba con fervor una oración, trazaba una señal de la cruz sobre su frente y empezaba enseguida a desandar lo recorrido.
Algo le impedía culminar el Camino. Continuar leyendo «El paje del camino»

La Fundación Pasqual Maragall flamante ganadora del Nobel de Medicina 2032. Otorgado al conjunto de investigadores del centro a título colectivo, el premio reconoce la relevancia de sus hallazgos en la lucha contra la enfermedad de Alzhéimer. El desarrollo de un fármaco capaz de frenar el avance del mal en fases incipientes y revertir parcialmente sus efectos en estadíos avanzados, abre una puerta a la esperanza que anticipa el fin de la llamada pandemia del olvido. El envejecimiento de la población europea junto al notable incremento de la esperanza de vida en esta parte del mundo ha disparado exponencialmente en los últimos años las cifras de afectados por la enfermedad. De ahí la enorme importancia del éxito de los ensayos clínicos realizados, punto de partida ─en palabras del jurado─ de una cura de valor incalculable que la comunidad científica vislumbra ahora próxima y factible. Continuar leyendo «Jaque al olvido»

«Ramón Hernández, detective privado». La placa en la puerta de mi despacho pendía descolgada de uno de sus goznes. Apenas la colocaba en una posición aceptable aquella maldita volvía a derrumbarse así que, harto de intentarlo, claudiqué y renuncié a enderezarla. No era buena carta de presentación, lo reconozco, pero qué gran metáfora de mi situación en ese tiempo. La agencia agonizaba. Mis fantasías novelescas se daban de bruces contra la realidad y mi mueca a lo Humphrey Bogart perdía intensidad a fuerza de no usarla. Solo algún trabajillo de poca monta nos mantenía aún a flote pero las deudas se acumulaban y Roberta, mi leal secretaria, perdía ya la cuenta de los sueldos incobrados.
Por eso el encargo de Miranda Santos resultó tan providencial. Un día sus nudillos golpearon aquella puerta calamitosa que delataba mi naufragio y, tras un instante de duda, cruzó el umbral, se llevó la mano al cabello con gesto indolente para apartar un mechón que le caía sobre el rostro y sin tomar asiento, de pie frente al ventanal de mi despacho, comenzó su historia. Continuar leyendo «Muerte en el lago»

Doña Angustias trasteaba en la cocina cuando el inspector Gálvez llamó a su puerta aquella mañana.
─Pase, hijo, pase, lo invitó la anciana pasillo arriba.
Con semblante serio y gesto reticente, la observó un instante enfrascada en su labor: un cazo de leche al fuego, un azucarero a medio llenar, un paquete recién abierto de bizcochos.
─¡Pero qué dice, hombre! ─interrumpió ella su amago de disculpa─ ¡Cómo va a ser usted una molestia! Al contrario, si tengo siempre tan poca compañía…
Acercó una silla y le sirvió un café. Continuar leyendo «Efectos secundarios de una visita inoportuna»

«No llores; por favor, no llores ─suplicaba Whitney Houston entre el ruido del atasco y el rumor de la lluvia en el cristal─, yo siempre te amaré…»
Los acordes de la vieja canción la tomaron por sorpresa.
«Por favor, no llores…»
Un pedazo de mundo olvidado se abrió de nuevo bajo sus pies y una banderilla de tristeza astilló su corazón.
«Yo no soy lo que tú necesitas…»
Los recuerdos volvían en tropel. El pasado vertía al instante su veneno y… tras el volante de su coche, una mujer se hacía trizas en secreto. Continuar leyendo «Malditas canciones de amor»