
Hay personas que mejoran el mundo, ángeles sin alas que nos abrigan el alma y nos la incendian de ternura. Disfrazan de inocencia su poder e invisibles tras su máscara nunca revelan su secreto. Una vez, hace mucho tiempo, una de ellas detuvo su camino frente a mí. No supe entonces verlo.
⸺Buenas tardes, doña Adela −saludaba yo cada miércoles, cargada de libros la mochila, mente en el partido que en la calle jugaban mis amigos, enfurruñado por mi mala suerte.
⸺Pasa, hijo, pasa −sonreía ella, empujando pasillo adelante mi mal humor y mi desgana, acomodándolos con cuidado en la pequeña salita ya dispuesta para la clase: libre de fotos y tapete la camilla, flexo encendido, máquina de coser contra la pared, envuelta la habitación en aquella bruma de calor que un brasero viejo y muy destartalado desprendía de continuo a nuestros pies. Continuar leyendo «A destiempo»








