
No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente
Periodista y corresponsal de guerra durante más de veinte años, Arturo Pérez‒Reverte (Cartagena, 1951) es uno de los escritores españoles más leídos y reconocidos de las últimas décadas. Crítico y desencantado, su experiencia como reportero se filtra inevitablemente en el tono de su literatura, siempre impregnada de cierta crudeza y una aproximación nada romántica al concepto de heroísmo. Un mundo, el de sus novelas, habitado por personajes complejos, llenos de contradicciones, intereses y lealtades que determinan su comportamiento, donde nunca se puede hablar de maldad o bondad absoluta. Algo presente en todas sus historias pero que alcanza una especial dimensión en Las Aventuras del Capitán Alatriste, serie iniciada en 1996 (ocho entregas desde entonces) con la clara intención de recuperar el espíritu del Siglo de Oro español desde una perspectiva honesta y desmitificadora, menos idealizada y más humana, para rescatar la historia de un periodo de abrumador esplendor artístico pero también de clara decadencia política.
Diego Alatriste y Tenorio, el protagonista de esta historia, es un veterano de los tercios de Flandes que sobrevive en el Madrid del S.XVII prestando sus servicios a quien pueda pagarlos. Un hombre orgulloso, taciturno y cansado, fiel a un código de honor personal que ya poco significa en un mundo que desaparece veloz.
Junto a él, encontramos a Íñigo Balboa, hijo de un amigo muerto en batalla, a quien adopta como protegido, escudero fiel, y testigo de unos acontecimientos que estará destinado a narrar muchos años después.
Íñigo se convierte entonces en la voz del recuerdo. Una voz melancólica y reflexiva que recuerda su juventud, consciente del mundo violento y cruel que forjó su identidad. Recurso que permite al autor combinar acción y reflexión para meditar, más allá de conspiraciones, duelos o emboscadas, sobre la memoria, la pérdida, el paso del tiempo…, salpicando la trama (siempre trepidante) de referencias literarias, diálogos llenos de filosofía y una constante atención a lo que España fue y dejó de ser.
Riguroso en la reconstrucción histórica, con una atmósfera cuidadísima, tanto en ambientación como en lenguaje, Pérez‒Reverte no muestra un Siglo de Oro brillante y glorioso sino un imperio que se desmorona, tratando a la vez de mantener las apariencias.
Madrid aparece así como una ciudad sucia y violenta donde conviven la grandeza cultural (Quevedo, Lope, Velázquez…) y la miseria cotidiana del pueblo, mientras que Alatriste encarna una ética personal basada en la dignidad y la coherencia frente a un poder amoral y sin referentes que traiciona la grandeza de un pasado irrepetible al que nunca vuelve la mirada.
Adaptada al cine, al cómic y traducida a múltiples idiomas, es esta una saga amena y adictiva, con claros ecos de las novelas de Dumas, capaz de armar un universo literario propio para abordar temas tan complejos como la corrupción política y eclesial, la manipulación social, la guerra, la lealtad frente a la traición, la identidad colectiva…
Todo ello desde una mirada enormemente crítica que el autor regala a un personaje inolvidable.
Muy buena reseña, Marta. La verdad es que este libro me encantó cuando lo leí y me hizo asomar a esa época de glorias, aunque también de decadencia como bien lo mencionas. Abrazo fuerte.