
Le hablaba a su madre con la voz especial que las mujeres usan por la noche entre ellas, como si hablaran en sueños o desde el fondo de una cueva
Katherine Mansfield (1888-1923) fue una de las figuras más influyentes del modernismo anglosajón, especialmente en el ámbito del relato corto. Nacida en Wellington, Nueva Zelanda, y formada literariamente en Europa, su obra, breve pero muy innovadora, aparece marcada por la exploración de la vida interior, las tensiones familiares y la aparente insignificancia de pequeños momentos bajo los que late sin embargo una gran complejidad emocional.
Dentro de su producción, los relatos centrados en la familia Burnell ocupan un lugar fundamental, hasta el punto de ser considerados por muchos críticos como el núcleo más ambicioso y autobiográfico de su obra. Relatos independientes que comparten espacio, personajes, atmósfera y forman parte de un mismo ciclo narrativo, a través de los cuales la autora retrata con detalle la vida de una familia neozelandesa de clase media, claramente inspirada en su infancia. Historias que en lugar de desarrollar una trama tradicional muestran escenas cotidianas: una mudanza al campo, un día de verano junto al mar, conversaciones, silencios…, donde la aparente falta de acción es deliberada. Mansfield sustituye el desarrollo argumental clásico por una atención extrema a la memoria y la emoción. Rompe la narración omnisciente y lineal propia del S. XIX para adoptar una técnica próxima al flujo de conciencia (algo muy propio de Virginia Woolf o James Joyce) donde alterna puntos de vista y se detiene en detalles, gestos e impresiones sensoriales. El tiempo, así, se dilata o se fragmenta y la relevancia de los acontecimientos externos es mucho menor a la del modo en que los viven los personajes.
A través de Kezia, una de las hijas de la familia y alter ego de la autora, Mansfield cuestiona el mundo adulto, las jerarquías familiares y los roles de género. La niña observa con asombro la autoridad del padre, la insatisfacción silenciosa de la madre, las contradicciones de la vida doméstica y es a través de su mirada que se abordan temas como la opresión femenina, la soledad dentro del matrimonio o el conflicto entre deseo individual y norma social, sin recurrir en ningún momento a discursos explícitos ni moralizantes.
Linda, la madre, es especialmente significativa en ese sentido (también la tía Beryl). Lejos del ideal victoriano de maternidad, aparece como una mujer cansada y distante, presa de una vida que no eligió del todo y que no acaba de gustarle. Algo que anticipa cuestiones en las que la literatura del S.XX profundizará poco después.
Rasgo fundamental es también la descripción del paisaje. La naturaleza ─el mar, el jardín, la luz del verano…─ no actúa como simple telón de fondo, refleja estados emocionales y marca el ritmo de la narración, vinculando el entorno al mundo interior de los protagonistas y reforzando la sensación de intimidad que desprenden las historias.
La atención a la psicología femenina, la audacia formal y la conversión de escenas domésticas en experiencias estéticas profundas es lo que marca unos relatos llenos de sensibilidad, instantes detenidos en el tiempo donde la corriente subterránea de miedos, anhelos o esperanzas contrasta con la placidez que las convenciones sociales obligan a mostrar.
Cuentos hondos y sutiles recuperados ahora por la editorial Trotalibros en una preciosa y cuidadísima compilación.
Un comentario en “Mansfield, Katherine: Los Burnell”